Extraído de ION Corriente Alterna 01
Megamorfosis
Testimonio de Amaury Pérez

Te cuento, que con sólo 27 años, ya estaba ganando una gran cantidad de dinero. Como no tenía “ninguna responsabilidad”, me rendía bastante. Para esa fecha, ya disponía de un carro del año, la ropa más de moda, y las mujeres y amigos que el dinero podía “conseguir”. Nada mal para ser un negro (ríe tranquilamente). Mi vida era una normal. En Santo Domingo, con tantas opciones de discotecas, bares, y lugares donde… digamos que son lugares para adultos, pues simplemente le iba subiendo “el nivel de dificultad” al juego de mi vida.
Llegué al punto de ser ese muchacho que le tomaba el dinero a su madre para irse de parranda. Le “tomaba prestado”, sin permiso, el carro a mi padre cuando el mío no tenia combustible, le rompí la nariz a mi hermano y claro, la vida sexual desordenada. Obviamente, no soportaba a mis padres, por lo que amanecía muchas veces en hoteles de paso, evitándolos.
Aun con todo eso, nunca me sentí mal, honestamente. El problema era más en mi propia casa que en la calle. Es porque siempre fui “la oveja, literalmente, negra” de mi familia, que era netamente de iglesia.
En fin, un día recibí la noticia de que mi novia tenía dos meses y medio de embarazo. Dos semanas más tarde, tuve un accidente y, aunque no sufrí ninguna lesión considerable, y mi carro quedo totalmente destrozado. Pero no fue lo peor. Días después del choque, una llamada a las 5:45 de la mañana hizo que fuera a la casa de mi novia. Al llegar, la encontré ensangrentada dentro de un taxi que la llevaba al hospital. La razón era que… había perdido la creatura. ¡Imagínate!… Al final de ese episodio, ella decidió terminar la relación que teníamos. Como todavía no era suficiente, sólo días después de lo ocurrido, otra noticia conmociona mi vida: una carta diciendo que habían decidido despedirme del trabajo. En menos de tres semanas, había perdido todo lo que me daba razón de vivir: mi bebé, mi novia, mi trabajo… Con el tiempo, no tuve más opción que dejar atrás mi orgullo y ponerme a “conchar” para poder seguir pagando las deudas.
Estaba totalmente desesperado, tanto, que decidí ir a la iglesia. Fui a pedirle al Señor que me ayudara, más por desesperación que por arrepentimiento, pues ya no sabía qué hacer.
Bueno, no digo que haya sido por eso, pero días después conseguí un nuevo trabajo. Pero por la causa que fuera, por primera vez, me sentí en deuda con Dios y le prometí ir a misa todas las semanas. Tú sabes que no la cumplí (se ríe, esta vez con picardía). Desde que recibí el primer sueldo hice lo mío: irme de parranda.
Ya para fin de año, tuve que entregar el carro que tenía, para poder saldar tantas cuentas. Era un reinicio muy difícil, la situación en el país tampoco ayudaba mucho… pero en fin, toda la situación me hizo recoger, dejándome pocas opciones de salida y amigos. Otra vez… sí, de nuevo, retome el ir a la iglesia semanalmente.
Un domingo, al finalizar la Eucaristía, me quedé anonadado con una chica que estaba invitando a los jóvenes a un grupo de oración llamado Caminemos Unidos. La verdad es que, más que por la invitación, fue por la belleza de aquella chica. Pero funcionó. Fui al grupo de oración, y allí encontré al amor de mi vida, pero no el de aquella bella chica por el cual fui motivado, sino por el amor más grande que ha existido Jamás: ¡el amor de Jesús!
Mira, en serio, yo no sabía en qué me estaba metiendo. Todo el mundo tiene una versión sobre la iglesia, sobre la religión, sobre qué debo pensar o ser. Yo no sé. Lo que yo sí sé es lo que Su Amor hizo en mí. Después de conocerle, simplemente mi vida tomó otro color. Algo sucede que el amor de Dios cautiva a tanta gente, de todas las edades, de todas las clases sociales, en todos los tiempos de la humanidad. Yo sigo siendo uno más.
Hoy ya han pasado 9 años de aquel encuentro, y a pesar de que todavía hay deudas, y puedan existir momentos difíciles en todas las áreas de mi vida, mi actitud es muy diferente. Pues, ahora tengo la fe y la confianza de que Jesús sostiene mis pasos.

Amaury Pérez Catalino

«La Megamorfosis de Amaury Pérez» por Amaury Pérez

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