Extraído de ION Corriente Alterna 09.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por Omar Arbaje

Cuando entré a la carrera de medicina, la profesora de biología tomó la primera hora de clase para hablar de dos palabras: «destetar» y «parcelar». Con la primera ella hacía referencia a que ya no debíamos tomar informaciones sólo a partir de lo que escuchábamos de los demás, sino que había que «destetarse» de ese paternalismo sobreprotector e ir a las fuentes de las informaciones que debíamos manejar; con la segunda palabra ella nos motivava a dejar de hacer parcelas en el conocimiento, porque la verdad es una sola, y no puede haber verdades que se opongan entre sí: lo que es verdadero en las matemáticas debe ser verdadero en la física, lo verdadero en la física debe ser verdadero en la biología… ¡Cuánta sabiduría cargaba esa profesora consigo! Pero, igual, ¿cuántos le hemos hecho caso?

¿Cuándo fue que decidimos negar al cuerpo mismo?
Es curioso ver cómo el cuerpo humano tiene tanta coherencia en sí mismo, que es capaz de autorregularse y de eliminar defectos de manera propia. Existen mecanismos para eliminar las infecciones (el sistema inmunológico), existen mecanismos para enmendar daños físicos (proceso inflamatorio y cicatrización), y hasta existen mecanismos para que una célula que no contiene la información adecuada para sobrevivir produzca una especie de «suicidio celular» (apoptosis). Si nos llevamos de esto, realmente, la intervención humana sobre el cuerpo debe ser de administración y, por lo tanto, que se limite a colaborar en su funcionamiento, no a sustituirlo. Pensemos en montones de situaciones en las que hemos sustituido las funciones del cuerpo, y ahora hay enfermedades que, en otra época, no existían.

Hablemos ahora de el tema de las relaciones sexuales. ¿Cuándo fue que decidimos separar lo placentero de lo reproductivo de las relaciones sexuales? ¿Cuándo fue que decidimos negar al cuerpo mismo? Si realmente hubiéramos sido hechos para el placer más que para la reproducción, ¿no hubiésemos tenido zonas erógenas verdaderamente expuestas, como los dedos de las manos? Esta línea de pensamiento no da pie a que las relaciones sexuales sean sólo de carácter reproductivo. De ser esto así, puedo hacer otra pregunta: ¿no deberíamos reproducirnos tan fácil como con mojarnos con agua? Con la mera observación objetiva nos percatamos de que allí donde el hombre siente más placer es el mismo lugar por donde eyacula, y allí donde la mujer siente más placer es el mismo lugar por donde se recibe el semen —que contiene espermatozoides; hago la salvedad adrede— para encontrarse con un óvulo y fecundarlo.

Sobre el cuerpo de la mujer.
¿Qué sucede biológicamente en el cuerpo de una mujer?. En su ciclo hormonal suceden dos cosas: primero, su cuerpo se va preparando para recibir en el útero un cigoto, es decir, un óvulo fecundado por un espermatozoide, y, segundo, se pone más atractiva para el hombre y así facilitar la fecundación. En el ciclo ovulatorio femenino encontramos unos cambios físicos durante cerca de catorce días, labios mas grandes, mejillas sonrojadas, ojos brillosos, caderas y mamas más definidas; el pelo más bonito, todo esto hace que la mujer se sienta y se vea mas hermosa y se comporte de ciertas maneras. Estas hormonas que producen dicho cambio se encargan de que un solo folículo madure y pase a una de las trompas uterinas, y también de que la capa interna del útero se engrose y se llene de vasos sanguíneos y tejidos. ¿Cuál es la misión del óvulo madurado? ¿Cuál es la misión del útero engrosado de epitelio? Primero el ser fecundado por un espermatozoide, y segundo, albergar ese cigoto. Nuestra programación más íntima en lo sexual es hacia lo reproductivo, y el placer es un medio, no un fin.

Fin unitivo y procreativo
Es inseparable el fin unitivo del fin procreativo en las relaciones sexuales. Hemos sido creados para vivir. Por ello, las relaciones sexuales deben darse en un ambiente en el que el hombre se encargue de proteger a la madre porque es allí donde la madre adquiere esa calidad de madre: el matrimonio (etimológicamente, matris quiere decir madre, y monium quiere decir gravamen o cuidado). Si seguimos viendo el tema de la reproducción, veremos que las relaciones sexuales las hemos querido aislar de lo reproductivo, pero no así hemos podido lograr separarlo de lo psicológico (las adicciones a lo sexual que hemos traído), lo infeccioso (las infecciones de transmisión sexual que han aumentado hasta exponencialmente desde el boom de la cultura sexual), de lo antropológico y social sin desvincularse de lo biológico-médico (las iniciaciones sexuales cada vez más tempranas que traen problemas de fecundidad o de mantenimiento de un embarazo), y muchas más cosas. No es que no podamos, sino que no debemos incursionar en romper con lo natural, sencillamente por un disfrute placentero. Me hace pensar en aquellos experimentos en los que las ratas preferían un estímulo cerebral placentero al presionar un pedal, en lugar de alimento al presionar otro pedal; al final las ratas morían de inanición. ¿Es esto lo que provocamos? ¿Debemos esperar a que estas cosas sucedan, sin ser suficientes ya los «sexahólicos» que ya hemos permitido que surjan en nuestras familias?

El argumento sobre «el embarazo no deseado»
No podemos afirmar que la primera causa de los abortos en el mundo sea por malformaciones del feto o peligros de muerte de la madre o por violación. Es muy bajo el porcentaje de abortos en el mundo por estas causas; la primera causa es por una decisión personal de no querer tener hijos. En esta causa podemos encontrar razones como: relaciones sexuales prematuras, libertinaje sexual, infidelidad matrimonial, etc. No es cierto lo que tratan de vendernos de que es cuestión de proteger a los ciudadanos. Si cada estado se propusiera proteger sus ciudadanos no apelaría al aborto como opción, ya que la criatura misma en el vientre de la madre es la que se encarga hormonalmente de mantener el embarazo, y no la madre. Y es esa misma criatura que, con sus hormonas, cambia el funcionamiento mental de la mujer y lo convierte en uno maternal. Por lo tanto, no es opción ni de la mujer embarazada ni de los médicos, enfermeras, padres o tutores, legisladores, compañeros, farmaceutas, empresas… decidir sobre la viabilidad de la criatura. Es que hemos sido programados para vivir.

Si no nos «destetamos» de los medios de comunicación masiva y no buscamos las fuentes originales de estudios médicos, farmacológicos, psicológicos, antropológicos, sociológicos, y montones de ramas que atañen directamente al ser humano, tampoco vamos a ver la verdad como es: verdadera. Seguiremos parcelándola y creeremos cualquier mentira que nos vendan como real. El concepto de «embarazo no deseado» es justamente eso, no deseado. Cerca de un 3% de los abortos del mundo se producen por violación, esto no quiere decir que haya que establecer el aborto como una opción constante en el manejo médico de los embarazos, tan sólo porque la mujer tiene un supuesto derecho de decidir. De ser así, pudiéramos optar siempre por poner una curita en heridas abiertas por armas punzantes debido a atracadores y asesinos. ¿O quizá sea mejor invertir en la educación moral de nuestros conciudadanos? Hoy pensamos que no, que una curita funciona mejor.

Hay un gran cuadro que nos estamos perdiendo.

Estamos enfocados en las consecuencias de las cosas y no nos hemos detenido a buscar las causas. Lo que hemos hecho legal no quiere decir que sea bueno. Se supone que las leyes se encargan de servir al ser humano, y no someter al ser humano hasta tal punto que éste sea objeto de acciones legales y nunca un sujeto. ¿Qué es lo que hemos hecho? Si queremos que los que nos rodean aprendan a hacer algo, no se conseguirá con darles aquello que piden, sino con darles aquello que necesitan para lograrlo. No son soluciones parciales que necesitamos para disminuir el aborto, sino soluciones reales. El aborto no encontrará solución alguna al ser legalizado, porque, como sabemos, la legalización de algo sólo permite incluirlo dentro del marco de opciones aceptadas por la mayoría.

Cuando demos el paso hacia atrás y veamos con objetividad el gran cuadro de la realidad que existe y que nosotros mismos hemos creado gracias a la cultura sexual que nos hemos permitido tener, ahí veremos que la lucha no consiste en legalizar o no el aborto, sino en preocuparnos verdaderamente por el bienestar físico, emocional, espiritual, social y económico de los que nos rodean. La legalización del aborto en los países donde ha ocurrido no ha disminuido la tasa de éstos, sino que hasta las ha quintuplicado. Por supuesto, esto mejorará cuando cada uno quiera que mejore integralmente y sin parcelar; si no es así, me permito insistir con sarcasmo: somos una sociedad de heridas abiertas, sangrantes y purulentas, que pensamos que una curita funciona mejor.

«El aborto: Quizá una curita funcione mejor» Por Omar Arbaje

Category: Corto Circuito
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