Extraído de ION Corriente Alterna 04.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por Luis Reyes

«No hace mucho tiempo, habían noches en las que dormía en lugares extraños orando por no despertar. Después de otra noche de malas decisiones, me recostaría con el corazón latiendo en mi pecho, como si fuese a estallar por mi piel. Mis pensamientos estaban nublados, y mis talentos estaban un día más cerca de ser desperdiciados». Estas fueron palabras compartidas por Josh Hamilton en una entrevista con ESPN.

El jardinero central Josh Hamilton fue considerado número uno en 1999 directo desde la secundaria, por el equipo de Tampa Bay Rays, con un bono de cuatro millones de dólares. Hamilton era reconocido como un talento único con increíble atletismo, poder en el bate y acrobacia con el guante.

Según sus palabras, Hamilton se valía de solo dos cosas, el béisbol y sus padres. En el 2001 tuvo un accidente automovilístico. Se lesionó la espalda, por lo que no pudo seguir jugando, y aunque sus padres sobrevivieron, tuvieron que regresar a su hogar en Carolina del Norte para recuperarse. Perdió las dos cosas más importantes en su vida. Durante este tiempo Hamilton se encontró en el ambiente incorrecto y empezó a experimentar con cocaína y alcohol.

En el 2002, después de solo 3 meses de temporada, Hamilton sufrió una grave lesión en el brazo que lo ausentaría por el resto de la temporada. Esto lleva a Hamilton a una adición extrema de cocaína, alcohol y crack. Durante este período, Hamilton entró y salió más de 8 veces de rehabilitación y sufrió tres sobredosis.

En el 2004, luego de haber salido positivo en varias pruebas, fue suspendido de las grandes ligas. Durante una etapa de sobriedad, conoció a su esposa Katie, la cual ya tenía 2 hijos. En el 2005 fue suspendido nuevamente, y fue dejado por su esposa con una orden de restricción por el uso abusivo de drogas.

Después de haber tocado fondo, sin tener donde ir, Hamilton acudió a casa de su abuela, donde ella lo confrontó por su problema con las drogas. Josh empezó a sentir la presencia de Dios y encontró una Biblia, en la cual la primera frase que leyó fue Santiago 4, 7 «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros».

En el 2007 Josh Hamilton venció el vicio de las drogas. Llegó a Grandes Ligas por primera vez jugando con los Rojos de Cincinnati, y fue nombrado novato del mes en Abril. En el 2008 Hamilton fue seleccionado como abridor del juego de estrellas.

La historia de Hamilton llegó a su punto máximo en el 2010, donde ayudó a los Rancheros de Texas a vencer a los Yankees de Nueva York en la serie de campeonato de la liga americana, siendo nombrado el más valioso de la serie, y al final de temporada, el jugador mas valioso de las Grandes Ligas.

La gran mayoría de las personas decían que era imposible que Josh Hamilton saliera de los vicios tan extremos de los cuales sufría, y más aún volver a las Grandes Ligas, pero Hamilton demostró que no importan los obstáculos, la esperanza de alcanzar un sueño nunca se pierde.

«La esperanza nunca se pierde»

Category: Corriente Deportiva
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