Extraído de ION Corriente Alterna 10.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por P. Robert Brisman

Hace unos días atrás, escuchamos en las noticias de un grupo de persona denominados «Dominicanos Laicos», que encabezaron una manifestación frente a la Nunciatura Apostólica pidiendo la renuncia del Cardenal, y la supresión del Concordato entre la Santa Sede y el Estado Dominicano. Son muchas las voces y opiniones que escuchamos decir que el Estado Dominicano debe de estar separado de la Iglesia. Pero, ¿no es esto así? ¿Qué injerencia tiene la Iglesia en el Estado Dominicano en la toma de sus decisiones?

Cuando el Estado Dominicano decide establecer, por ejemplo, relaciones con otro Estado o cualquier Institución que considere deba de hacerlo, ¿le pregunta a la Iglesia o a los obispos si están de acuerdo o no con ellas? No. A una persona que aspire a ocupar una función pública no se le exige ni se le pregunta si profesa algún credo religioso, o si está bautizado, casado por la iglesia, o si va a misa o al culto los domingos, o si comulga y se confiesa, etc.

«Los cristianos quieren obligar al mundo a que sean creyentes»
No caben dudas de que este ha sido uno de los argumentos o excusas que han enarbolado muchos grupos en la sociedad (feministas, grupos de presión homosexual, abortistas, cristianófobos, grupos anticatólicos), para querer justificar lo que no existe: un estado dominado por la religión. Hay quienes afirman que la separación iglesia-estado «reconoce el derecho a la celebración del culto», reduciéndola así a su mínima expresión o al ámbito de lo privado.

Lo cierto es que, por separación Iglesia y Estado, los católicos no tendríamos derecho a participar en el ámbito público proponiendo legislaciones, como pueden ser, por ejemplo: defender el derecho a la vida contra el aborto; defender el derecho del verdadero matrimonio contra el matrimonio homosexual, etc.

Laico: adj. No eclesiástico ni religioso, es un civil. (Word Reference)

La separación Iglesia-Estado
A diferencia de lo que la gente cree, esto es un logro del mismo cristianismo, que se inspira en las palabras del mismo Cristo «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mc 12,17). En los países islámicos esta separación no existe; en otros, el Estado es totalmente opresivo de la religión, como en China; otros son marginadores de la religión, como Japón.

La separación Iglesia-Estado
Sí supone la separación entre estas dos, pero no supone «separación entre Iglesia y sociedad», que es lo quieren implicar estos grupos anticatólicos y cristianófobos. No quieren que los católicos (o los cristianos de otras denominaciones) participemos en el debate de la sociedad.

Pero resulta que los católicos estamos insertos en la sociedad, somos ciudadanos; la Iglesia forma parte de la sociedad. La Iglesia católica lleva sobre sus hombros una gran carga del trabajo de justicia social, incluso hasta pagando impuestos en muchas sociedades. Estos grupos quieren hacer ver que lo que la Iglesia reclama, promueve y defiende es antidemocrático. Pero la Iglesia reconoce el derecho de estos grupos a opinar e intervenir en el ámbito público, y este derecho a la Iglesia no se lo quieren reconocer.

Ellos alegan que la Iglesia «contamina» las cosas con su visión religiosa de las realidades humanas, queriendo así dar la impresión que nuestras convicciones religiosas y de enseñanza cristiana fueran menos racionales y menos merecedoras de atención que sus ideas.

¿Estado laico o Estado laicista?
Así, sacan este argumento de separación Iglesia-Estado, y esto ha provocado que muchos católicos nos autocensuremos. Pero tenemos que preguntarnos, ¿Por qué los cristianos católicos no aceptamos este tipo de leyes? Pues porque son inmorales y abusivas; porque ponen los derechos en manos de los que tienen el poder.

El verdadero «Estado laico» no excluye la religión. Sí hay que luchar contra el «laicismo», que busca eliminar toda manifestación religiosa en la sociedad. El pensamiento laico se desarrolla de manera racional y no excluye la dimensión religiosa ni sobrenatural. El Estado laico es garante de la auténtica libertad religiosa.

¿Debemos de aceptar que el Estado sea laico? Sí. ¿Debemos de aceptar un Estado laicista, que quiera suprimir toda participación, manifestación o libertad religiosa? No. Los católicos somos personas y tenemos derechos que la ley reconoce. No se trata de pedir privilegios, pero sí pedir lo que legítimamente nos corresponde. Más si se está legislando en algo que nos afecta, debemos y tenemos algo que decir.

Ser negligente, es trabajar para tu contrincante.
La flojedad de quienes pueden hacer el bien, permite que los malos gobiernos, y movimientos sociales que no nos representan, impongan leyes que después obedeceremos. Entonces el derecho positivo se transforma en normas jurídicas que se convierten en rectores de lo que se presume es bueno o malo. Como decía Albert Einstein: «La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa».

«La verdad sobre el estado y la iglesia» Por P. Robert Brisman

Category: Corto Circuito
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