Extraído de ION Corriente Alterna 10.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por Omar Arbaje

Si la personalidad hace referencia de alguna manera al ser humano, ¿podemos afirmar alegremente que hay animales con personalidad? Ahora no nos meteremos en razonamientos filosóficos ni antropológicos, sobre la diferencia entre temperamento, actitudes y personalidad, pero es bueno que se aclare que no hay personalidad animal, o, mejor, animales con personalidad. ¿Quiere esto decir que podemos tratar a los animales como nos venga en gana porque no tienen personalidad? Fácilmente, con nuestro perrito Toby no permitiríamos el maltrato, porque Toby se para en dos patas a pedir alimento, los ojos de Toby se llenan de lágrimas cuando se le habla fuerte, Toby mete su cola entre las patas cuando sabe que ha hecho algo indebido. Debe ser lo mismo con nuestra gatita Sally, o con nuestro pez Rupert… ¿Qué hace que respetemos los animales? ¿Su domesticación? ¿Su belleza? ¿Por qué a Toby o Sally o Rupert no, pero a las gallinas, los pescados, las vacas, los cerdos sí?

Desde que el hombre ha registrado su historia, hemos podido ver dos grandes maneras de supervivencia: los que han cultivado la tierra y los que han cultivado animales. Esto puede verse incluso en la Biblia, donde, luego de la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén, han tenido que cuidarse ellos mismos y sus dos primeros hijos se han dedicado a estos dos esfuerzos: Abel, se hace pastor, ganadero; Caín se hace agricultor. Esta disputa que hoy escuchamos sobre «si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos» o sobre «si comes lo que comen los animales, entonces ¿qué comerán ellos?» es un eco de lo que ha sucedido por siglos en la humanidad. Lo que sí es cierto es que tenemos características anatómico-fisiológicas de un ser que se alimenta tanto de carnes como de vegetales: los dientes caninos y molares, los músculos de la mandíbula, la forma de la mandíbula misma, la digestión…

¿Son las selvas y los bosques y las especies animales recursos infinitos y no-renovables?
Apelando al conocimiento de la educación básica que recibimos, las plantas y los animales son recursos naturales renovables pero que tienen capacidad de serlo en la medida en la que nosotros les permitamos. ¿No deberíamos, pues, aprender a administrar estos recursos que no son sólo de un grupo reducido de personas, sino que son de todo el mundo? La respuesta es obvia: un sí categórico.

Si tu respuesta es un sí, creo que es momento de replantearte las opciones de alimentación que tenemos y comenzar a elegir cosas más saludables. No solo para nosotros, si no también para los animales y el planeta mismo. Sin ser sensacionalistas: detrás de ese menú de un dólar, en una cadena de comida rápida, existe un proceso industrializado de donde pasamos de criar animales para nuestra alimentación, y comenzamos a producir comida para nuestra economía. Esto en si no es todo el problema; la situación perjudicial se manifiesta cuando el animal «con personalidad» se convierte en un bloque de materia prima. Cuando el productor, juega a ser Dios, y rediseña genéticamente a un pollo para que crezca en 49 días, el doble de su tamaño, cuando naturalmente se desarrolla en 3 meses a un tamaño en que puede sostenerse sobre sus patas.
Nuestro consumo excesivo es la razón por la que esta práctica continúa.

¿Por qué la comida saludable es más cara que la comida rápida?
Hay un documental impactante del año 2008, del director estadounidense Robert Kenner, titulado «Food Inc.», sobre el crecimiento exagerado de la industria de comida rápida en Estados Unidos. En él se expone la realidad de la crianza y matanza de animales para el consumo humano en estas cadenas de comida rápida. Es mucho más barato comprar un «combo #2» que una cabeza de brócoli; además, un combo #2 puede satisfacer una persona, el brócoli no. Es mucho más barato agrandar tu combo por 40 pesos más (para nuestros amigos no locales, es el equivalente a un dólar norteamericano) que comprar dos chuletas de cerdo para satisfacer tu hambre. ¿Cómo es posible esto? Porque no hay un control de seguridad en los mataderos, porque no se tratan los animales como recursos naturales sino como objeto de capital. Para que algo te llegue a ti como consumidor final al equivalente de dos dólares tiene que haber una mano de obra mal pagada o ilegal, unos medios no aprobados, unas sustancias que aumenten la cantidad de carne por animal, sin mucho gasto.

La realidad de los mataderos en los países desarrollados o en los países que son los proveedores de estos productos cárnicos es terrible. Es cierto que los animales no poseen dignidad, porque la dignidad es el respeto que se le merece al ser humano por ser un ser humano, pero esto no quiere decir que no merecen respeto. Animales engordados a base de alteraciones de patrones de sueño (a las gallinas y los pollos) o a base de alimentos que terminan haciéndoles daño (otros animales muertos mezclados con maíz y melaza), animales tan engordados que no pueden mantenerse de pies y no pueden ni respirar adecuadamente (pollos y cerdos), animales que no son adecuadamente matados antes de desangrarlos o despellejarlos… ¿es esto una correcta administración de los recursos?

No pretendo hacer una campaña en contra de los emporios de comida rápida, ni mucho menos hacer una campaña en contra del consumismo. Sólo busco que abramos los ojos ante la realidad del maltrato que nosotros mismos, con nuestros consumos de comida rápida, propiciamos. La demanda es muy alta y, por lo tanto, la oferta tiene que aumentar. Es más caro tener miles de millones de vacas para producir una carne de buena calidad con unos requisitos mínimos de respeto por los animales que la producen, en lugar de tener unas cuantas decenas de millones y atiborrarlas de productos y trastornos para que produzcan más carne o más leche.

«Ubi societas, ibi ius; ubi ius, ibi societas»
Qué quiere decir «donde hay sociedad, hay justicia; donde hay justicia, hay sociedad». Si limitamos la justicia sólo a lo humano, ¿hay verdaderamente justicia cuando nos encargamos, por acción u omisión, de que los recursos naturales de todos los usemos desmesuradamente unos cuantos? Si abrimos el espectro de la justicia, ¿hay acaso justicia cuando nos volvemos depredadores de lo que debemos administrar? La ética debe ir más allá del hombre mismo, porque lo ético no hace referencia a lo homínido del ser humano, sino a lo humano del ser humano. Si hablamos de humanizar la salud, humanizar las relaciones, humanizar la política, es porque hace años nos hemos ido deshumanizando los humanos. Entonces, ¿tenemos verdaderamente una sociedad?

Volverse vegetariano no resuelve la situación de los mataderos de animales, porque bien sabemos todo el daño que ha causado este consumismo desmedido a la agricultura con el uso de fertilizantes «mejorados» que logran que los productos del suelo sean más grande, produzcan más granos, den más frutos. Esto ha generado que hayan nuevas lechugas «orgánicas», y cebollas sin fertilizantes que, sorprendentemente, son más caros que los demás. Comer saludable sale caro, pero sale caro porque hemos permitido esto al asociarnos a las pseudocomodidades del capitalismo desmesurado. Además, con los detalles anatómico-fisiológicos que mencionamos anteriormente, ¿no sería contradictorio a la misma naturaleza humana ser totalmente carnívoro o ser totalmente vegetariano? ¿Dónde queda aquello de ser omnívoros conscientes? El problema no es sólo comer lo que te guste o comer de acuerdo a una ideología divorciada de la realidad, sino hacerlo de acuerdo a las realidades que vivimos.

«Atentamente: La Administración»
Así como hay paternidad responsable, debe haber una administración de los recursos responsable. De por sí, el concepto «administración» implica responsabilidad en lo poco que se tiene para sacar un mejor provecho sin derrochar los recursos. La técnica nunca es buena si está desligada de una responsabilidad moral. La ética habla de la relación del ser humano consigo mismo, con los demás y con su entorno. En esta aldea global, cuando se habla de entorno, se habla de todo el planeta tierra. Un individuo que se haga llamar religioso, o que se haga llamar filántropo, o que se haga llamar protector del medio ambiente tiene que acabar con su participación desmedida en esta montaña rusa que llamamos capitalismo, no por el sistema en sí, sino por el daño que conlleva el ver todo sólo a los ojos del «yo» y de «lo mío».

Se hace necesario que todos nosotros nos hagamos verdaderamente responsables de lo que consumimos, y que no permitamos que los recursos animales sean agotados ni maltratados, porque, aunque no sean ni Toby, ni Sally, ni Rupert, son seres vivos con sentimientos, con capacidad de aprender para sobrevivir, domesticables y que, desde siempre, han servido de alimento a nosotros. Sin mezclar los conceptos de dignidad y personalidad con los de respeto y carácter, hay que reconocer que los animales merecen que los tratemos como seres vivos, que seamos amables con ellos, y que debe acabarse todo tipo de maltrato contra ellos. ¿Dónde empieza esto? En la educación en tu hogar. Empieza por ti.

«Menú de un dólar, ¿Quién paga el precio?» Por Omar Arbaje

Category: Corto Circuito
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