Extraído de ION Corriente Alterna 05.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por Manuel Sarraff

Es una noticia impactante que pasó desapercibida. El 30 de octubre de 2011, con el nacimiento de Danica Mae Camacho en Manila, Filipinas, la humanidad alcanzó la cifra de 7 mil millones de habitantes. Al día de hoy, la población mundial equivale a algunos 7,100,000,000,000 (7.1 billones) de personas. Quiere decir, que si contamos desde el 30 de Octubre del 2011 al 30 de Marzo del 2012 deberíamos tener una tasa de nacimientos equivalentes a 666,666.66 nacimientos. No se tu impresión, pero para mí, eso es mucha gente. Hemos pasado de los casi 1,000 millones en el año 1800 a más de 6,000 millones en el año 2000.

En unos de esos domingos donde ya no encuentras que más hacer, decidí incrementar mis conocimientos. Entre a Google. Escribí lento, pero preciso: «Religiones en número». Divididas por revelación teológica existen hoy en día más de 30,000 religiones conocidas alrededor del mundo entero. No existen datos en conjunto. Todas las religiones aportan por su área los datos de sus seguidores. Tampoco existe una estadística confiable del número de seguidores de las religiones del mundo. Muchas inclusive no hacen públicos sus datos, por lo que dependen de otras organizaciones.

Cristianismo: 2,300 millones; Islam: 1,820 millones; Budismo: de 900 millones; Hinduismo: 900 millones; Religión tradicional china: 394 millones; Religiones indígenas: 300 millones; Religiones afroamericanas: 100 millones; Sijismo: 23 millones; Espiritismo: 15 millones; Judaísmo: 13,3 millones; Baha’i: 5 millones; Jainismo: 4,2 millones; Sintoísmo: 4 millones; Caodaísmo: 4 millones; Zoroastrismo: 2,6 millones; Tenrikyō: 2 millones; Neopaganismo: 1 millón; Unitarismo universalista / Unitarismo + Universalismo: 0,8 millones; Rastafarianismo: 0,6 millones y los que se consideran irreligiosos (secularismo, agnosticismo o ateísmo): 1,100 millones.

No te preocupes, yo tampoco conocía la mitad de esas religiones. De hecho, no sabía que el «Rastafarianismo» era una religión establecida. Si algo aprendí en el colegio es que Baldor no se equivoca: ambos lados de la ecuación deben resultar. Para mi sorpresa, cuando sumé ambos lados, me di cuenta que hay más adeptos que población mundial. ¡Increíble!

Imagínate a Julito

Si bien es cierto lo que hemos mencionado acerca de estos datos, también es cierto que muchas de estas religiones ofrecen datos errados. Es muy probable que esto no sea de manera consciente. Miremos el siguiente ejemplo de un amigo: Nace «Julito» y es bautizado católico. Más tarde decide que va a ser cristiano bautista. Luego se cansa y dice que le gustaría sentir más al Espíritu Santo y se hace evangélico pentecostal. Luego va a la universidad, se enfría y decide hacerse ateo. Se siente vacío y sin paz. Pasa el tiempo y decide ser budista porque practica artes marciales. Aunque siente paz y armonía, se siente vacío e intenta buscar algo más. A sus 28 años lo invitan a un grupo católico y redescubre la fe. Es allí donde encuentra el sentido de su vida. Julito tiene 43 años y aún sigue siendo católico practicante. Seguro que más de una religión lo registro como afiliado.

El cable eléctrico

Las motivaciones de algunos que van a la iglesia no siempre son muy claras. Por ejemplo, en el periódico gratuito del metro parisino (Métro. 16/07/02), salió una noticia interesante:

«Un sacerdote de Milán descubrió que a una pareja que asistía regularmente a su parroquia, no la impulsaba un fervor religioso. Sin embargo, estos jóvenes acudían todos los días a la misma hora, permanecían con la cabeza inclinada, con mucho recogimiento y siempre durante el mismo tiempo, sentados a un costado junto a una gran cruz de madera que colgaba sobre el muro. El sacerdote respetaba y admiraba esa oración y esa perseverancia. Hasta el día en que, como quería pintar los muros de un color más alegre, realizó una inspección detallada de la iglesia y descubrió que a lo largo de la pared, y al pie de la cruz, había un disimulado cable eléctrico. La pareja venía a recargar su teléfono celular».

¿Por qué creemos? La pregunta del millón. Lo usual es que esta pregunta venga con sus amiguitas: ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? Desde la mismísima creación, nuestra repentina aparición nos causa inseguridad de lo que somos.

Un resumen de algunos de los avances más interesantes en psicología han sido publicados en el último número de 2010 de la prestigiosa revista mensual «Monitor on Psychology», editada por la Asociación Americana de Psicología. Aquí se analiza el fenómeno religioso desde investigaciones de la última década en neurociencia, psicología, sociología o antropología. De manera básica se obtiene como idea central que la espiritualidad surgiría de procesos cognitivos básicos del ser humano. Todo esto tiene una base neuronal y su causa podría ser evolutiva. Cito:

«La búsqueda de trascendencia podría estar “escrita” en nuestro cerebro, afirman los expertos. Justin Barret, especialista en este tema de la Universidad de Oxford, explica que sus estudios recopilan datos de diversos procesos básicos que darían lugar a las creencias religiosas. Procesos que hacen que veamos el mundo como si tuviese un diseño intencionado “creado por algo o alguien”».

El psicólogo afirma que lo que se está demostrando es que «nuestra estructura cognitiva básica nos predispone a cierto tipo de pensamientos, a pensar en la pre-vida, en la vida después de la muerte, en dioses, seres invisibles que hacen cosas, es decir, en los temas comunes de las religiones del mundo».

Otra investigación de científicos de la Universidad de Boston, mostró cómo aún en niños pequeños existe esta tendencia a pensar que el mundo ha sido creado con un propósito. Se refiere a la pregunta que se hace un niño «¿por qué existen los ríos?», sería probable y común la respuesta: «para que los peces puedan nadar». Algo que también concuerda con la capacidad del ser humano de buscar constantemente coherencia y orden en todo, principalmente en los patrones visuales.

El ser humano parece tener una predisposición innata a creer en lo sobrenatural. En un estudio realizado por el mismo psicólogo, se comprobó que niños de tan sólo tres años atribuían espontáneamente habilidades sobrenaturales e inmortalidad a «Dios», incluso sin haber recibido aleccionamiento alguno sobre Dios o la religión. Aunque existe tal disposición, muchas veces simplemente somos indiferentes como la pareja de Milán.

Nunca es suficiente

Entiendo esta indiferencia, pues yo mismo, durante mucho tiempo, experimenté tres resistencias referentes a la fe cristiana. Iba de cuando en cuando a la iglesia, pero me aburría. Me preguntaba también si todo eso era cierto, o si no era más que una serie de bonitas leyendas. No veía tampoco cómo alguien que vivió hace 2,000 años, a más de 4,000 kilómetros de mi país, podía ser de interés para mi vida hoy.

Realmente, yo no tenía mayor conocimiento sobre la fe, y desde lo profundo de mi ignorancia consideraba que carecía de interés para mí. Mirando hacia atrás, veo que me faltaba algo en la vida y que tenía un sentimiento permanente de insatisfacción, ya que siempre estaba a la espera de la etapa siguiente. En el colegio me decía: «cuando vaya a la universidad todo será sensacional». Y luego un día, llegué a la universidad. Las tres primeras semanas fueron geniales, pero al cabo de ellas me dije: «debe de haber otra cosa en la vida». Y pensé: «¿y si practicara deportes?», entonces practiqué deportes y fue sensacional, pero al cabo de tres semanas me dije: «debe de haber algo mejor que esto». Luego me dije: «quizá cuando tenga una novia» encontré una, y fue sensacional.
Luego, ¡al cabo de tres semanas… !
Me di cuenta de que no era el único que vivía de esta forma. Muchas personas pasan la mayor parte de sus vidas así, siempre mirando a la siguiente etapa, la siguiente promoción, la siguiente relación. Y una vez que ya estamos ahí nos damos cuenta de que no nos satisface del todo, sigue habiendo en nosotros hambre de otra cosa.
Bernard Levin, tal vez el más grande columnista de nuestra generación, quien decía que no era cristiano, escribió esto: «Países como el nuestro están llenos de personas que tienen todo lo material que desean, conjuntamente con bendiciones no materiales como una familia feliz. Sus vidas aparentan una profunda tranquilidad, pero a veces, sumergidas en una ruidosa desesperación, sin entender nada, ni siquiera el hecho de que existe un hueco dentro de ellos. Sin importar cuanta comida o bebida los rellenen, sin importar cuántos autos y televisiones les pongan, sin importar con cuántos niños buenos y obedientes o amigos leales les desfilen a los alrededores, en sus bordes, ese vacío todavía duele».

Jesús dice: «Yo soy el pan de vida», queriendo decir que él es el único que puede satisfacer esta hambre espiritual que está dentro de todos los corazones humanos. El resto, por bueno que sea: las relaciones, el trabajo, los placeres, los deportes, etc., nos dejan siempre, en cierto modo, con esa sensación de que algo nos falta. Así como la mayoría de las religiones son buenas, es Jesucristo quien le da sentido a todo. Incluyendo a la religión.

El arró’ de la vida

Un obrero me explicaba un día en sus propias palabras: «en mi casa necesitamo’ come’ arró’. Eso e’ como si tuviésemo’ do’ e’tómago. Un e’tómago pa’ la comida normal y otro pa’ el arró. Independientemente de la jartura de comida que comamo’ –carne, verduras, víveres, frutas–, no es suficiente. Si no nos jartamo’ de arró, siempre tenemos hambre». Si Jesús le hubiera hablado, habría dicho: «Yo soy el arró de la vida, yo soy el único que puede satisfacer a ese otro estómago». El nos dice: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». (Juan 14, 6).

El es la orientación para un mundo desorientado. El es el sentido de lo real en un mundo confuso. La luz en un mundo en tinieblas.

«Religión: Alucinación colectiva del 95% de la población mundial…¿o no? Por Manuel Sarraff

Category: Corto Circuito
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