Extraído de ION Corriente Alterna 06.
Lunes 14 de Octubre 2013.
Por Emmanuel Rosado. @mannyrosadord

Un día, camino a casa, me detuve en un semáforo. Un señor se pone al lado de mi automóvil y me pide dinero. Solo tenia un peso en el bolsillo. Instantáneamente, sin pensarlo mucho, se lo regalé. Para mi sorpresa, cuando esta persona vio la cantidad que le estaba ofreciendo, tomó el peso y me lo estrelló en el vidrio delantero. También ocurrió, que un amigo fue abordado por un chico que pedía en la calle. Mi amigo no tenía dinero, y con toda sinceridad se lo dijo al mendigo. El chico de la calle metió su mano en el bolsillo, y le regaló cinco pesos mientras decía: «Toma, esto es para que no andes sin dinero en la calle».

A través de estas experiencias, que a lo mejor te hayan ocurrido a ti también (quizás con las mismas personas) me hizo cuestionar: ¿estamos haciendo un bien o un mal cuando damos limosnas a las personas?. Es una pregunta difícil puesto que, el dar limosnas o no, nos hace cuestionarnos si es correcto alentar la actitud «de mendigar». Si esas personas no recibieran limosnas, ¿buscaran trabajo?, ¿intentarían otro método de obtener dinero sin caer en el crimen?, ¿en verdad morirán de hambre por no ayudarles?… son muchas las posibilidades, pero ¿Qué es lo mejor?, ¿Qué es lo correcto?.

Bien es cierto que la crisis en la que vivimos ha sido causa evidente de que más y más personas opten por pedir limosnas en las calles. Según cifras recogidas en el Panorama Laboral 2011 en Latinoamérica y el Caribe, el desempleo afecta a 15,4 millones de personas. Elizabeth Tinoco, directora de la oficina regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), alertó a principio de año, que el gran desafío de la región es atender las preocupaciones y necesidades de la población juvenil que es excluida del mercado de trabajo. «14,9 % del desempleo juvenil, representa a 7 millones de jóvenes latinoamericanos», señaló Tinoco.

Lamentablemente, el pedir limosna se ha convertido en un negocio de muchos desaprensivos. Algunas personas utilizan infantes, y «adquieren» territorios como esquinas, semáforos, entre otros puntos, para enviarlos a las calles a pedir dinero. La Declaración de los Derechos del Niño de la ONU destaca que: «Todo niño tiene derecho a la protección contra el trabajo infantil y contra la explotación económica en general». ¿Seguiremos ignorando esta realidad?. Es como si el país estuviera acostumbrado, y acepte el hecho de que haya gente que simplemente debe pedir para vivir.

Este nuevo gobierno debe crear espacios que desarrollen el hábito de estudio y trabajo, para que estas personas puedan prosperar. Decía San Pablo: «Si repartiere toda mi hacienda…no teniendo caridad, nada me aprovecho». Esto quiere decir que dar dinero a estas personas es la tarea más fácil. Tomar el tiempo, adentrarnos en las realidades de ellos, ver más allá para lograr trascender y buscar alternativas que les ayuden, es la tarea difícil que pocos están dispuestos a asumir.

Estamos llamados a ser audaces y valientes desde nuestras realidades. No enfocarnos tanto en la problemática, sino más bien en buscar soluciones que sean «sostenibles» a largo plazo. Hace un tiempo escribí: «Creo en el ser humano, su poder transformador y su potencial de crear puentes hacia las nuevas oportunidades, para sí mismo, sus seres queridos y su país». ¿Seguirás ofreciendo a estas personas dinero u oportunidades?

«Un peso, licencia para le olvido»

Category: Corriente Social
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