Si eres de los que te has visto en la obligación de retornar a tu República
Dominicana luego de haber vivido una maravillosa experiencia académica
o de intercambio cultural en el extranjero,
permíteme dedicarte estas palabras. 

Pasados los años 60’s, luego de la dictadura de Trujillo, nuestro país ha experimentado un fuerte flujo internacional. Desde entonces, son más los dominicanos que se emprenden en la búsqueda de mejores oportunidades de vida e intercambios académicos y laborales en otros países. Muchos de ellos ni siquiera retornan al país debido a las ventajas que se le presentan en el extranjero de desarrollarse de una manera más efectiva, sin perjuicio del sacrificio que esto supone.

Ya para el siglo XX con el auge de la globalización y sus efectos, ese tráfico migratorio pasó a ser para los jóvenes una oportunidad educativa de abrir las fronteras del conocimiento hacia otros países. Esa oportunidad educativa, les ofrecía una carta docente significativa y más adaptada al desarrollo de las ciencias, las cuales, en un futuro puedan ofrecerles mejores canales de ascenso y progreso en su país de origen. Sin embargo, la verdad es que después que se está por «allá» es difícil volver a la República Dominicana, ¿o no?

Aceptando la realidad

«¡Qué paisito este!», son de las expresiones que nos identifican a los dominicanos cuando intentamos recalcar las deficiencias de nuestro sistema político y social. Ciertamente, nuestra República Dominicana, a diferencia de otros países de su región, aun se encuentra inmersa en contradicciones, ineficiencias y carente de los aspectos más básicos que toda ciudadanía merece. No tan solo por el elevado costo de los impuestos, sino hasta por la constante violación a los derechos humanos.

La corrupción política, los monopolios de comercio, los abusos de parte de las autoridades empleadoras y de poder, el acceso escaso a los servicios educativos y de salud de calidad, ¡el tráfico!, entre otros males, son algunas de las razones por las cuales nos sentimos tan impotentes y desconcertados, frustrados en muchas ocasiones, porque pareciese que navegamos contra la corriente y jamás llegaremos. Todo esto es cierto y lo vivimos día a día.

No eres tú solo. Existe en nuestros corazones aspiraciones, deseos, sueños y metas que queremos alcanzar, queremos desarrollarnos, que nuestras ideas se puedan materializar, queremos emprender y lo necesitamos para vivir en esta sociedad que cada vez exige más de nosotros. La verdad es que, a final de cuentas, lo que queremos es vivir felices y tranquilos con las vías que hemos elegido para salir hacia delante.

La otra cara de la moneda

Si bien es cierto que República Dominicana sufre de estos males, también es cierto que hay una cuota de responsabilidad en los dominicanos en aportar para que se produzcan los cambios que tanto exigimos.

Obviamente, no se trata de que no sepas valorar lo bueno. Querer estar en un país donde las cosas realmente funcionen está muy bien. Pero si te toca volver a la República Dominicana, es mejor ver las posibilidades que tienes para entregar un poco de esos talentos que tienes, de las cosas nuevas que has aprendido en el extranjero, de esa nueva visión que tienes de lo correcto, a tu tierra que tanto lo necesita.

Muchos amigos que han viajado al extranjero quedan impresionados de cómo las cosas funcionan en los países que los acogen, y al llegar a Santo Domingo es como si una depresión se apoderara de ellos. Es normal. Como jóvenes nos quejamos bastante de las irregularidades que existe en nuestro país, pero ¿qué estamos haciendo para mejorar las cosas? Nadie dijo que eso sería fácil, pero es posible.

Fíjate en Jesús que duró 30 años para hacer su vida pública, más adelante permaneció 40 días en el desierto, pero al salir de allí, lo primero que hizo fue instaurarse en la sociedad que se encontraba gobernada por los fariseos.

Jesús conocía a los fariseos y no estaba de acuerdo en cómo ellos manejaban su tierra. Sin embargo, esto no sirvió de impedimento para insertarse en su sociedad, para enseñar en sus templos, para hablar con ellos y propiciar un cambio de mentalidad y de relación con el Padre. Jesús se atrevió.

Hay que trabajar para lograrlo, para que no
vivas inconforme todo el tiempo. 

Tienes todo el derecho de incomodarte por las situaciones que vivimos los dominicanos todos los días. Eso es bueno y saludable, pues ya sabes dónde esta el problema, pero creo que tienes muchas más razones para vivir agradecido de lo que se te ha dado. Este es el momento, aprovéchalo.

SI DECIDISTE VOLVER… DA LO MEJOR

Sea cual fuere la razón que te trajo de vuelta a la República Dominicana, entiendo que es un motivo de oportunidad para ti. ¡Vamos, no todo está perdido!

Si ya estás «aquí», haz lo posible porque tu regreso sea más llevadero y que tenga un propósito.

A continuación te presento algunas ideas que puedes tomar en cuenta para que intentes adaptarte de nuevo:

1   Comparte lo que aprendiste

Intenta hacer el ejercicio de ver las posibilidades que tiene venir del extranjero con una especialidad o maestría. Tienes a tu favor un conocimiento que probablemente pocas personas tengan en República Dominicana. A mi me parece una excelente oportunidad de proponer y propiciar cambios significativos en el sector de tus estudios.

2   Emprende 

En el extranjero, viviendo solo y siendo dueño de tu agenda, logras independencia en muchos aspectos de tu vida. ¿Qué te parece intentar un negocio nuevo? O si estás devuelta a tu trabajo anterior, propón objetivos nuevos para la mejoría de la empresa donde laboras.

3 Un trabajo nuevo 

Si te fuiste a estudiar y no tenías trabajo, es momento de empezar una nueva etapa. Si te fuiste con beca del gobierno, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología y el Ministerio de Juventud, tienen una base de datos laborales que puedes verificar para mandar tu currículum vitae. Asimismo, la mayoría de las universidades como la UASD, la PUCMM, UNIBE y UNICARIBE, poseen un banco de datos de ofertas de trabajo que puedes consultar.

4  «Si puedes mirar, repara». 

De nada te servirá quejarte. Acepta que nuestro país tiene carencias importantes, pero piensa un poco qué podrías hacer para mejorar las cosas. Tienes a tu favor toda una experiencia, conocimiento y criterio para saber lo que puedes aportar para que tu país salga adelante. No te quedes ausente ni ignores lo que ocurre a tu alrededor, ¡haz algo! De todos modos, piensa en todo lo que te ha entregado la República Dominicana: familia, amigos, un trabajo, un lugar donde vivir, la oportunidad inclusive de estudiar en Europa, Estados Unidos o América del Sur. No eres tan desdichado después de todo.

Y yo que estaba ¡TAN BIEN ALLÁ!

Category: Corto Circuito
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