Fuente: ION 20 (Corto Circuito)
Escrito por: Carla Peña (@cppv27)

La palabra tiene poder

Una clara evidencia de lo anterior es que Dios creó al mundo a través de sus palabras. En la antigüedad, los contratos celebrados entre dos personas eran válidos por el simple hecho de acordar los términos del mismo verbalmente; con tu palabra confiesas tu fe y tiene validez para Dios, entre otros ejemplos. Como vemos, la palabra tiene un propósito y una fuerza que tal vez no seamos capaces de medir.

Sin embargo, con el desarrollo de las redes sociales, sea por medios escritos como el Twitter o a través de imágenes y videos como el Instagram, vemos como continuamente los seres humanos nos hemos dedicado, en mucho de los casos, a hacer un uso inadecuado de este maravilloso recurso. Lo hacemos bajo la premisa de la libertad de expresión y difusión del pensamiento, lo cual no es menos cierto. Más que una práctica, la libertad de expresión es un derecho fundamental consagrado en la constitución y en los tratados internacionales, pero no representa una vía sin límites ni frenos.

Los límites

Ahora bien, en el ejercicio de este derecho tenemos que tomar en cuenta, si en el uso de este estamos afectando los derechos y libertades de otras personas o estamos haciendo juicios de valor sin ningún tipo de respeto a los demás. Ha sido una práctica continua el no pensar antes de hablar, lo cual nos coloca en una esfera de posibles conflictos y desacuerdos incómodos con nuestro entorno.

En ocasiones, es mejor quedarse callado cuando no se tiene nada importante que decir. No es necesario hablar de más para demostrarle a los que no rodean «cuanto sabemos» sobre algún tema en específico, del cual conocemos poco y preferimos no quedarnos callados, emitiendo un juicio que puede resultar poco creíble y hasta mal fundamentado, sobre todo si nos encargamos de adornarlo con burlas y críticas. El silencio, aunque la mayoría no crea, deja mucho que decir, es nada y es todo.

Alejandro Arvelo en su obra «Filosofía del Silencio», afirma que «el hombre que sabe ser discreto hace dosificar su postura».

En la República Dominicana entendemos que el que no se burle de los demás ni utilice un término peyorativo en su discurso no es dominicano. Y en mucho de los casos esta es la excusa perfecta para hacer y deshacer.

Nuestra palabra puede construir árboles de amor y buenos deseos, hasta herir y destruir los sentimientos de una persona. No dejemos que la crítica mal elaborada, los chismes, la burla y el ansia de señalar a los demás inunden con sus fuertes corrientes nuestra mente y corazón.

La tolerancia, el respeto, la prudencia y el discernimiento son valores que deben ir siempre de la mano a la hora de tomar el turno para hablar. Somos civilizados o por lo menos intentamos serlo. El diálogo siempre es bueno, ayuda bastante, pero basado en estos principios, de modo que logremos una relación emisor-receptor más efectiva y sana, adecuando nuestro vocabulario al grupo de personas a las cuales nos dirigimos, de forma que siempre nos demos a entender.

Cambia el toma corriente

La palabra de Dios dice en Lucas que «de la abundancia del corazón habla la boca». Lo que decimos refleja bastante lo que se encuentra en nuestro interior, lo cual nos representa ante los demás, es nuestra carta de presentación.

Tal vez nuestro corazón está herido, se siente solo o siente envidia, rencor y por eso aprovecha los medios orales y escritos para desahogarse, para sentirse aliviado. Pero, entonces ahí debemos reconocer que no nos hace sentir mejor decir lo que nos da nuestra gana. Hay algo que debe cambiar: la fuente de nuestras palabras. Hacer un hábito de aprender a medirnos, a realizar aportes significativos, a construir.

¿Qué es libertad de expresión?

En el artículo 19 de Declaración Universal de Derechos Humanos dice: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.»

Más adelante, en el artículo 29, resalta las limitaciones y deberes de dicho derecho: «2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática. 3. Estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas».

La libertad de expresión conectados a Jesús

Cuando vi que mis reclamos, insultos, juicios y cuanta cosa se me ocurría sin pensar,   habían herido a mis amigos, haciéndolos sentir mal o incómodos, me percaté de que algo debía cambiar. Aquí te dejo algunas acciones que comencé a poner en práctica:

1) Leer lo positivo y compartirlo. Por un tiempo me olvidé de leer malas noticias, chismes y comentarios negativos de las personas o de las situaciones que ocurrían en el país. Me di cuenta que todo aquello me estresaba y me producía ansiedad. Comencé a leer artículos constructivos, libros de literatura, la Biblia y revistas de avances tecnológicos, históricos y de ciencias naturales, y a compartir mis opiniones y algunos datos por las redes sociales.

2) Escucha y observa más de lo que hablas. Tenemos dos oídos, dos ojos y una boca. Trata de quedarte callado u observando cuando quieras decir algo que sabes que es inapropiado, verás como eso te produce paz y tranquilidad después. A veces no nos damos cuenta de lo que nuestras palabras afectan a los demás.

3) Se sincero contigo mismo. Reconoce tus debilidades, tristezas, rencores, limitaciones. Habla con una persona de confiaza y desahógate. Aprende a canalizar tus emociones tratando de superarlas y no de evitarlas. No eres perfecto, nadie lo es, no juzgues a una persona solo porque peca o actúa diferente a ti.

4) Ejercita tu mente y tu corazón. Tómate 20 minutos diarios, preferiblemente en la mañana y haz un ejercicio de meditación, habla con Dios, dile que te ayude a ser más humano y más comprensivo, que te de la sabiduría para vivir todos los días con amor, paz y justicia.

5) Crea espacios de oportunidades. Propón entre tus amigos, familiares o compañeros de trabajo o estudio, círculos de debate sobre algún tema, grupos de lectura o equipos para practicar algún deporte o simplemente disfrutar de un juego de mesa.

Recuerda: la forma

Debes elegir entre la forma correcta e incorrecta para decir lo que piensas. Recuerda que eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices, no todo hay que decirlo, y todo tiene el momento correcto de ser dicho.

Resulta más saludable para tu cuerpo y tu mente hacer un buen uso de las palabras, medirlas, y buscar la forma correcta de comunicar un mensaje. Estarás menos tenso y con más energía. Cuando una persona se expresa en buenos términos los demás la escuchan y le prestan atención. ¿Qué prefieres? ¿Ser libre y vivir en paz o ser esclavo de tus palabras y sus efectos?

Libre de Expresión

Category: Corto Circuito
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