Fuente: ION 20 | Corto Circuito 2

Escrito por: Omar Arbaje

¡Qué mal se siente uno cuando ve la gente salir de misa y empieza a hacer tapones porque sólo piensa en sí mismo! ¡Qué coraje da ver cómo los vehículos con adhesivos cristianos o con rosarios en sus retrovisores son los que obstruyen el tránsito! Los templos religiosos se llenan de personas «buenas», y esos mismos son los que maltratan a los demás en las oficinas públicas o en los centros de estudios. Parece que los cristianos sólo somos buenos cristianos en asuntos meramente espirituales, y, en la ciudad y la cultura, los peores ciudadanos. ¡Con razón es que hay tantos que no quieren creer en Jesucristo!

// Jesucristo y lo social

Muchos han acusado a Jesucristo de comunista, porque quería que todos tuvieran todo, pero eso no es cierto. La justicia que proponía Jesús era una distributiva, donde cada cual debe recibir lo que le corresponde en necesidad, no por lo que ha trabajado. De hecho, a los primeros discípulos les enseñó esto mismo. Sin embargo, muchos cristianos nos quedamos con la idea espiritualizada de Jesús, y lo desvinculamos del mundo en el que vivió. ¡A muchos se nos olvida que era judío, y que se sometía a sus normas y preceptos y que hasta pagaba impuestos!

Jesucristo oraba por las personas para sanarlas, no sólo para perdonarles los pecados; había un compromiso social real en Él. Cuando nos habla del Juicio Final (cf. Mt. 25, 31-46), por ejemplo, dice que la manera por la que las «ovejas» se salvan y las «cabras» se condenan es porque «cuando tuve hambre, me diste de comer» o «cuando fui peregrino, me acogiste», etc. No habla de qué tanto conocimos la teoría de la fe, sino qué tanto la fe fue aplicada en obras de bien para los demás, obras de bien social

Y, en este mismo sentido, pudiéramos citar a la resurrección del hijo de la viuda pobre, que tenía una carga social muy grande, ya que las viudas no sobrevivían más que por lo que tenían ahorrado. O quizá citemos la curación de los leprosos, que tenían que vivir en las afueras de la ciudad, sin ningún tipo de ayuda alimentaria o sanitaria. O pudiéramos hablar de cuántos hombres y mujeres fueron sanados física y moralmente por el Señor para que se reintegraran a la sociedad. Peor, igual podemos ver cómo defendía él la persona humana antes que las leyes, y cómo corregía fuertemente a aquellos que se aprovechaban de lo religioso para aplastar a los demás, como si lo religioso pudiera separarse de lo humano.

//El compromiso de la primera comunidad

Esto lo entendía perfectamente la primera comunidad. Los apóstoles, luego de la Resurrección de Cristo y Su Ascensión a los cielos, permanecían unidos en la oración, la Eucaristía, la enseñanza de los apóstoles y «tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch. 2, 44-45). Había, pues, un compromiso social. Es más, cuando hubo quejas en la primera comunidad, se creó el diaconado; estos siete hombres estarían encargados de atender y asistir a las viudas y los enfermos (cf. Hch. 6, 1-7). Los apóstoles así transmitieron todo, y prueba de ello están en las cartas y testimonios que nos llegan: los consejos de Pablo, las exhortaciones de Pedro, lo coherencia a la que invita Juan, y hasta el reto que propone Santiago: «Si un hermano o una hermana está desnudos y carecen de sustento diario, y alguno de ustedes les dice: “vayan en paz, caliéntense y hártense”, pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?». No hay duda de que la Sagrada Escritura invita a una coherencia entre fe y lo social. //

// Ecología, Política, Economía.

Luego, los sucesores de los apóstoles hablaban aún más claros en asuntos económicos y políticos. Por ejemplo: «Es homicidio negar a un hombre el salario que le es necesario para su vida» diría san Ambrosio de Milán, y «¡Oh, cuántas almas asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas!» afirma san Cirilo de Alejandría.

Pero eso no se queda sólo en el siglo II, III o IV, sino que se ha ido actualizando poco a poco. Por ejemplo, para el siglo XVI, san Vicente de Paul decía que «ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con él ni sentirse enfermo con él, es ser cristiano en pintura, es ser peor que las bestias». Y así también se defiende lo ecológica, nosotros que tantas veces preferimos tirar la basura en la calle con tal de no tenerla en nuestras casas, o preferimos tirar animales muertos en los campos con tal de no tomar medidas de higiene.

El egoísmo nos consume y no sabemos comportarnos. Cada día los cristianos nos volvemos más y más individualistas, y no fue eso lo que el Señor enseñó.

// La Encarnación y los cristianos.

¿Para qué Cristo decidió encarnarse, es decir, decidió tomar la condición humana si nosotros los cristianos nos desencarnamos del mundo? Un cristiano que no es buen ciudadano, no es buen cristiano. La santidad consiste en hacer lo que nos corresponde hacer en justicia por los demás. No hay Salvación, –lo repito– no hay Salvación alguna si no nos involucramos con los que nos rodean.

// ¿Fuera de este mundo?

Entonces, ¿por qué comportarnos como extraterrestres? Actuamos como si los que nos rodean son seres ajenos a nosotros, y que nosotros prontos seremos buscados para sacarnos de aquí. ¡Qué error! ¡Qué horror! Estamos tan lejos de Jesucristo cuando no tenemos el compromiso social de ser buenos con todos siendo justos en la Justicia de Dios.

Sin embargo, cuando de verdad conocemos a Jesucristo, el compromiso con todos, sobre todo con los más necesitados a nivel material, moral, emocional y espiritualmente, sale casi de forma natural. Porque el verdadero Amor «es ocuparse del otro y preocuparse por el otro» y «está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca» (Benedicto XVI, Deus Cartas est, 6). //

¿Por qué el cristiano se involucra en temas sociales?

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