Fuente: Revista ION (Edición 21)

Escrito por: Cristian Arnaud (@cristianarnaud)

En los ambientes corporativos se repite una frase que dice que la diferencia entre un sueño y una meta es una fecha límite. Todos tenemos sueños, pero lo que distingue a las personas que los logran de los que no, es el establecimiento de una fecha para alcanzarlos. Al menos esa es la idea que se quiere inculcar con esa frase: «que debemos planificar y ponerle una fecha tope a aquello que anhelamos». De esa manera hacemos algo concreto para obtener resultados.

Kung Fu Panda

En el ámbito espiritual hay un concepto mucho más poderoso y motivador que ese. Es aplicado por millones de personas de distintos credos en las distintas áreas de su vida con resultados fenomenales. Es el concepto de vivir en atención plena, ahora, en el presente. Quizá te ayude a comprenderlo una escena muy popular de la película animada «Kung Fu Panda».

«Po» es un oso panda frustrado porque no puede dominar el arte marcial del Kung Fu. No confía en que pueda vencer a su enemigo y se lo expresa a su maestro, la tortuga Oogway, diciéndole:

«Quizá sólo debo desistir y volver a hacer fideos».

A lo que Oogway le responde:

«Desistir, no desistir… fideos, no fideos… Estás demasiado preocupado acerca de lo que fue y de lo que será. Hay un proverbio que dice: “el ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. Por eso le llaman ‘presente’”».

Para la plenitud

Lo que Oogway trataba de explicarle a Po es lo mismo que muchos santos cristianos han tratado de enseñarnos para alcanzar la plenitud: la importancia del momento presente. Hay mucha gente que nunca inició el camino hacia algún logro porque no supieron capitalizar el momento actual. Vivían tensos, amargados y divididos entre buenas intenciones, planes y remordimientos, perdiendo así las fuerzas necesarias para hacer productivo el momento actual.

Es este desconocimiento de que con lo único que contamos es con el momento de ahora, con este instante, lo que nos hace postergar las cosas para mañana o vivir culpándonos de lo que no hicimos ayer. Esta falta de conciencia de que ni el ayer ni el mañana son nuestros es lo que nos hace menospreciar este maravilloso regalo del momento presente. Así el largo camino hacia la realización de todo lo que queremos se va retardando hasta que se nos escapa.

Conscientes de los problemas

Ciertamente la pereza y la parálisis son enemigos mortales del que quiere ver sus sueños hechos realidad. Por el contrario, quien vive en la actitud constante de asumir la responsabilidad de lo que tiene en frente va alcanzando pequeñas victorias hasta llegar a la cima de lo que soñó.

Esto lo podemos aplicar tanto para nuestros planes y objetivos, como para nuestros deberes y compromisos adquiridos. De hecho, no hay una cosa que pueda descarrilar más fácil a alguien del camino que ha decidido emprender que un imprevisto. Esos pasajeros indeseables que se nos instalan en la vida, esos problemas que no invitamos que de pronto nos demandan tiempo, atención y empiezan a estropearlo todo. Ignorarlos, eludirlos, es el peor error que podemos cometer. Cada minuto que un problema dura sin atención lo hace más grande y fuerte. Por eso la necesidad de empoderarnos de cada situación de nuestra vida y actuar, ahora, es vital.

Nada para mañana

San José María Escrivá de Balaguer le repetía a sus discípulos: «¡Hoy, ahora!». Les corregía constantemente que no dejaran nada para mañana. Una de sus frases famosas dice que la palabra «mañana» es sinónimo de «resistencia a la ayuda divina». Quien vive con la mirada fija en que lo hará luego, mañana, constantemente se pierde hasta la ayuda y la oportunidad que Dios le ofrece para salir vencedor de cualquier dificultad.

Durmiendo con ranas

Hace años leí algo que le pasó al Faraón Thutmose que hizo que me decidiera a aceptar cada momento como una oportunidad para vivir mejor. La historia cuenta que el país de Egipto fue invadido por una plaga de ranas. Había ranas por todos lados, de una manera inimaginable. Se presentó un hombre llamado Moisés a la presencia de Faraón y le prometió eliminar todas las ranas del país. Faraón aceptó y Moisés le preguntó: -¿Cuándo quieres que las elimine?-

A lo que Faraón le respondió:

-Mañana.

Su respuesta me dejó perplejo, me preguntaba ¡¡¡¿por qué decidió dormir con las ranas una noche más?!!! Y ahí caí en la cuenta: Faraón se había acostumbrado a las ranas. Claro que le molestaban, quería salir de ellas, pero no tanto como para hacerlo inmediatamente. Ya podía esperar. Ese día descubrí que había varias cosas en mi vida tan indeseables como las ranas: problemas, situaciones, carencias, defectos, planes inconclusos… y reconocí que ya me había acomodado a verlos ahí.

Ese día decidí no dormir ni un día más entre ranas. Ese día decidí vivir empoderado en relación a todo lo que me pasa, decidí hacer algo al respecto y… los resultados empezaron a llegar.

Sin ranas, hoy.

Puede ser frustrante descubrirse rodeado de ranas, desalentador y deprimente. Pero lo peor que podemos hacer es irnos otra noche a la cama con la misma cantidad de ranas que iniciamos el día: crecerán en la noche, o algo peor, se reproducirán. Es sorprendente la gratificación que causa darte cuenta que todo es más simple y pequeño cuando te paras y lo enfrentas que cuando te sientas a lamentar que está ahí. Que hoy puedas decidirte a cambiarle el rumbo a tu vida, ahora, en este instante. Que llegues más allá de donde has pensado y querido. Y que Dios te conceda las fuerzas para alcanzarlo. //

¿Preocupado por lo que fue y será?

Category: Corriente Divina
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