Vengo de una familia de ex-católicos. Mis padres se convirtieron en ateos, por lo que nos inculcaron muchas ideas comunistas y revolucionarias. Pero, como siempre pasa con los jóvenes, me causaba curiosidad aquello de lo que era privado: el cristianismo.

Mi familia tenía muchas cosas. Tenía drogas, violencia, desacuerdo y desunión, pero no tenía a  Dios. Era de esperarse que mis padres se divorciaran, así que luego mi madre se casó con un mexicano.

Mi padrastro era un católico muy tradicional. Como tal, exigió e hizo que me bautizaran. Eso no hizo tanto en mí como lo hizo en mi propia madre. Mi bautizo fue el inicio de su conversión. Tanto que en un momento fue a Medjugorje y volvió muy distinta, con una fe renovada.

Pero era muy tarde para mí, ya estaba metido en los vicios, en las drogas y el alcohol. Mis hermanos y yo éramos jóvenes traviesos. Nos la pasábamos causando caos y haciendo pleitos. El pronóstico era que íbamos a ser «exitosos». Con la universidad asegurada, yo me ocupaba de sacar muy buenas marcas. También jugábamos muy bien el Football Americano. Pero al final, queríamos divertirnos lo máximo posible, haciendo lo que nos daba la gana, cuando nos daba la gana, como nos daba la gana. Vivía en pecado mortal, pero seguía con esa inquietud de Dios.

Algo importante es que era muy popular en la preparatoria. Ganando premios de Home Coming King, y el favorito de las Cheer Leaders. Estudiaba actuación, y era muy bueno en ciencia y deportes. Era el centro de atención al punto que, en la prepa, votaron por mi como la persona que tenía «más espíritu». Era cierto.

Por otro lado, iba a iglesia todos los domingos con mi familia. Como estudiaba teatro, me gustaba ser lector en la iglesia. El problema es que lo que leía el domingo en la mañana, no era lo que hacía el sábado en la noche.

Una navidad toqué fondo. Por primera vez sentí vergüenza por mi duplicidad. No comulgué (porque lo hacía estando en pecado). Dios tomó eso como el inicio de mi conversión. Así que me arriesgué, y el siguiente mes hice un retiro de conversión.

Vi cosas tremendas. Yo era uno de esos tercos que tenía que ver cosas grandes para creer. El Señor me mostró pruebas de más. Me dejó ver que él existe, porque yo tenía mis dudas. Tuve mi conversión en el ultimo año de la preparatoria.

Él estaba luchando una batalla por mi alma y yo dejaba al enemigo ganar. Yo era buena gente, pero no sabía la seriedad de esta batalla.

Más de cerca

• Sacerdote Franciscano Renovado

• Estableció el refugio nocturno San Antonio, para personas sin hogar en Nueva York.

• Trabaja en el apostolado «Catholic Underground», espacio cultural para jóvenes adultos. Presentando adoración, música, poesía, artes visuales, danza, cine y teatro. Cada reunión comienza en adoración y termina con oración.

• Fundador de «Corazón Puro», grupo juvenil que resalta el valor del cuerpo como templo del Espíritu Santo, enseñando la teología del cuerpo.

• Fr. Agustino ha sido misionero con jóvenes adultos en América Central, Europa y Estados Unidos.

La MegaMorfosis de Fray Agustino

Category: Megamorfosis
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