Fuente: ION 23
Escrito por: Cristian Arnau (@CristianArnaud)

La inclusión de las mujeres en nuevos roles sociales ha sido un factor determinante para el progreso económico y comunitario que hemos vivido desde mediados del siglo pasado. No faltan los que objetan que fue precisamente la salida de las mujeres de los hogares y su asunción de nuevos roles lo que originó la decadencia moral que también nos ha arropado desde el siglo pasado.

No solo es moral la consecuencia, insisten, sino que se fractura el seno familiar, causando violencia, dependencia de fármacos, abuso del alcohol, abandono escolar, reproducción de hogares inestables y, en última instancia, retroceso económico al no producirse individuos sanos que puedan incorporarse al mercado laboral especializado. Todo esto porque ahora quien velaba principalmente por el equilibrio y la educación en el hogar ya no está allí todo el tiempo que antes.

Pero ¿no es esto poner una responsabilidad demasiado pesada sobre las espaldas de las mujeres que buscan mayor equidad en la sociedad? ¿De verdad hay roles sociales exclusivos para cierto sexo? En esta sección siempre tratamos de ver cómo Jesús nos puede arrojar luz sobre dilemas de hoy. Esta edición no es la excepción.

Vamos a ver a Jesús
Un día una mujer le gritó a Jesús lo dichosa que debía ser su madre por haberlo parido y amamantado. A lo que él le respondió que más bien dichoso es todo aquel que escucha y pone en práctica lo que Dios quiere.

Jesús no acepta la invitación a hacer partido con un sexo por una característica única que tenga. Ciertamente hay una desigualdad biológica entre hombre y mujer que conlleva el cumplimiento de ciertos roles biológicos que son exclusivos de uno y otra. Pero eso nunca puede ser la base para que un sexo se imponga sobre el otro o se considere superior o más dichoso que aquél. Sin importar cuál sea.
Jesús vivía en una sociedad que, a raíz de las diferencias biológicas, sometía a las mujeres a una categoría social indigna de lo que él entendía merecían. Pero él nunca abogó por contraponer a las mujeres a los hombres, ni por elevarlas por encima de ellos.

Su propuesta fue la complementariedad
Jesús no desdibujó las diferencias biológicas, pero socialmente rechazó todo tipo de menosprecio a la mujer. Lo hizo con gestos concretos. El grupo de personas que sostenía económicamente el ministerio de Jesús eran mujeres. Sus contemporáneos evitaban hablar públicamente con mujeres y él una y otra vez provocaba el acercamiento hacia ellas. Buscaba precisamente a las marginadas, a las que se habían visto forzadas a pasar a la periferia o a lo más bajo de la sociedad por su condición de débiles: las prostitutas, las viudas, de dudosa reputación, divorciadas y pobres… y les ofrecía ayuda. Se opuso a que los hombres abandonaran a las mujeres cuando quisieran, práctica muy común en su tiempo.

Entre sus mejores amigos había varias mujeres. Después de resucitado nombró a un grupo de mujeres como sus primeras promotoras de la noticia. Sus primeros seguidores continuaron en esta dirección y la desarrollaron.

Los discípulos incluyeron a mujeres en varios ministerios que anteriormente solían ser exclusivos para hombres como el del profetismo, la enseñanza y la predicación. La idea alcanzó incluso a San Pablo, quien contaba con varias colaboradoras; llegó a decir que con Jesús desapareció la división entre hombres y mujeres, que ya somos uno solo en él. Claramente Pablo no estaba eliminando las distinciones evidentes entre hombres y mujeres sino que subrayaba que en valor, dignidad, derechos y oportunidades a los ojos de Dios no existen distinciones.

La respuesta
La solución a nuestras preguntas iniciales es hacerlas en un trasfondo distinto al de la libertad de elección, sino en el de la complementariedad. La pregunta no es si la mujer debe tener la libertad de hacer lo que quiera. La respuesta a eso no ayuda a nadie.

La pregunta es si la mujer puede aportar a la sociedad y a la familia en roles no convencionales, si su aporte complementaría al del hombre en situaciones en las que ellas, por sus peculiaridades, podrían lograr mejor y más abundantes resultados que los hombres solos no han podido. Para esa pregunta la respuesta es un rotundo ¡Sí! Esa fue desde el principio la intención de Dios: que la mujer sea una ayuda oportuna para el hombre y que el hombre sea una ayuda oportuna para la mujer, en donde se complementen ambos donde carezcan de capacidades naturales según la tarea.

Que Dios nos conceda la gracia de descubrir que la opresión y la negación de oportunidades a la mujer es fruto de una sociedad que rechaza el plan de Dios, nunca su plan original. //

Una ayuda oportuna

Category: Corriente Divina
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