Fuente: ION 24

El Señor me llamó a los 14 años, yo trabajaba con mi papá en el campo. Recuerdo que él me ponía tareas en el campo ayudando a mis hermanos, y luego aquí en Santo Domingo. Cerca de los 5 años nos habíamos mudado a Villa Duarte. El barrio que me recibió, La Laguna, es donde todavía vivo, ahí me crié.

Fue un «antes de conocer a Cristo» de mucho trabajo.
En la adolescencia trabajé en un matadero limpiando mondongo. Así ganaba el pan de cada día y costeaba mis estudios. ¡Claro! también las travesuras propias de los adolescentes, porque nosotros somos 14 hermanos, 7 varones y 7 hembras. Uno de ellos y yo peleábamos mucho, recuerdo que papá, que tenía un carácter fuerte, se levantó una noche y nos dio una pela que mamá tuvo que salir a nuestro auxilio.

Esa fue mi adolescencia, prácticamente no conocía nada de Dios porque mamá estaba dedicada a cuidar a los muchachos y papá en el trabajo. Pero siempre tuve amor a los estudios y me empeñaba en estudiar.

«…pero los caminos de Dios son insondables. De manera tal que Dios hubiese buscado la manera de llamarme a esta vida»

Mi proceso de conversión se da prácticamente después de la muerte de papá.
Todavía siendo adolescente, papá murió con 53 años. Después de la muerte de papá, mamá empezó a ir a una iglesia franciscana. Recuerdo que nos quedaba bien cerca y mamá insistía mucho en que fuéramos a misa.
Aunque no le prestábamos mucha atención, no olvido que una noche escuchaba a mamá rezando el rosario y le pedía por nosotros. Incluso gemía pidiendo por nosotros y pensé: «¡wao! mamá está llorando por nosotros». Eso me tocó mucho el corazón.

Entonces empecé a ir a la iglesia con ella, algo muy hermoso. Mamá y yo nos levantábamos muy temprano, había una misa a a las 6 de la mañana y nos íbamos por esos callejones juntos. Eso marcó mucho mi vida, ese vivir mi espiritualidad junto a mamá.

Pienso que si papá no hubiese muerto mi conversión se hubiese dado, pero mucho más tarde. Para papá, todo era trabajo y trabajo, pero los caminos de Dios son insondables. De manera tal que Dios hubiese buscado la manera de llamarme a esta vida.
Fue muy significativo la búsqueda de Dios por mi mamá y eso marcó toda la familia.

Después de mi conversión fue una vida intensa.
El Señor me llevaba muy rápido. Primero ingresé a un grupo de jóvenes: la juventud franciscana. Después del año llegué a ser parte de ese grupo de jóvenes y de inmediato empecé a hacer unos cursos muy interesantes, de catequesis, que daba Sor Virginia en el Manresa Loyola. Yo no había cumplido los 17 años y ya había hecho tres cursos de catequesis prolongada.

También recuerdo que leí la Florecillas de San Francisco de Asís y yo quería imitar a San Francisco, entonces una noche me levanté y me llevé a mi hermano a orar. Había leído que San Francisco le había dicho a un hermano que lo pisara, así que le dije a mi hermano «¡písame, písame!». El, avergonzado, me dijo: «¡¿cómo te voy a pisar?!». ¡Unas personas que estaban por ahí nos tiraron piedras! jejejejej. Fue algo bonito, pues leía esa vida de los santos con esa efervescencia y quería ser como ellos.

Mi mamá tiene mucho que ver con que yo sea Franciscano.
Ella se hizo franciscana primero que yo. Luego ella se inclinó por la orden terciaria de los Franciscanos, para más adelante yo seguirle los pasos. La Orden terciaria, son aquellas asociaciones cuyos miembros, viviendo en el mundo y participando del espíritu de un instituto religioso, se dedican al apostolado y buscan la perfección cristiana bajo la alta dirección de ese instituto.

Ya siendo terciarios, trabajamos en la parroquia Nuestra Señora del Rosario en Villa Duarte, dirigida por franciscanos.
Ahí nació mi vocación de ser franciscano, habiendo sido llamado por el Señor a muy temprana edad. ¡eso para que no me perdiera en el mundo! jejeje

El señor me ha dado un ministerio amplio
Por ejemplo el dar retiros, exorcismos, oración de liberación, oración por lo enfermos, dirección espiritual, y luego también este proyecto social de la fundación Futuro Cierto. Ahí vivimos pensando y accionando para el desarrollo de la República Dominicana. Es un ministerio muy amplio, también de mucha exigencia, a veces no tengo tiempo para mí.

Algo que quiero que el espíritu me ayude es a organizar inteligentemente mi tiempo para aprovecharlo al máximo. Porque veo como que el darme a la gente y el decir siempre sí, sobretodo en estos asuntos de oración de liberación, celebrar una misa y dar retiros, también me distraen para mantener mi ritmo de oración y darle siempre las gracias.

Yo me levanto a las 2:45 de la mañana, los muchachos se levantan a las 4. Entonces resiento un poco el tiempo de leer, porque yo se que uno debe estar actualizado, leyendo mucho, y practicamente no tengo tiempo para hacerlo. Solo lo hago cuando estoy de viaje o estoy de retiro, por eso estoy pidiendo la gracia al Espíritu Santo, que me conceda distribuir inteligentemente mi tiempo, para aprovecharlo al máximo y encontrar tiempo para Dios, para la oración y para la gente. Tiempo para mi, para leer, y también de vez en cuando para hacer un poco de ejercicio físico, ¡jejejejejeje!

¡Bendición para todos y para todas!//

Fray José María: «Detrás de un futuro cierto»

Category: Megamorfosis
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