Fuente: ION 25

Escrito por: Carla Peña

Para el acto de graduación de mis estudios de postgrado, uno de los principales empresarios del país fue invitado a ofrecer la charla de motivación. El elegido suele ser una persona que ejerza una influencia positiva, usualmente con una carrera profesional, personal y económica. Entiendo que la elección de este distinguido empresario, heredero de uno de los imperios económicos más importantes de República Dominicana, probablemente no pudo ser más adecuada.

Fuera de hablar sobre impacto económico y acumulación de riquezas, dirigió sus palabras hacia un tema que tituló como: «liderazgo solidario». Este es el que impulsa a cada individuo de una sociedad, desde su talento, empresa o ideas, a trabajar no solo para su crecimiento personal, sino a favor de toda la comunidad. Para «el bien común».

Sin temor a caer en el juicio o la crítica fría, pensé que un empresario como lo es este expositor, administrador y beneficiario de negocios prácticamente monopólicos de este país, no iba a dirigir sus ideas de liderazgo a ser solidario y a «olvidarse del individualismo del beneficio». Sin embargo, el espíritu de lo que ese día nos transmitió a todos nosotros, despertó en mí una gran curiosidad que precisamente quiero compartirles.

Para hacer personas con pasión y acción

Hoy se habla mucho de la necesidad del involucramiento social por parte de las personas en los temas más sensibles del mundo en que vivimos. Tal vez, no se trate de «cualquier persona», sino de seres humanos con el deseo y la capacidad de enfrentarse a los retos que impone nuestra sociedad: la diversidad, el cambio constante, las nuevas formas de pensamiento, la complejidad en la esfera social y económica, la incertidumbre existencial, la viabilidad del género humano, la desigualdad, la pobreza, entre otros factores. Como vemos, no se trata de cualquier situación, están en juego las vías a través de las cuales existimos y nos desarrollamos.

Cuando se habla de que una persona es líder, no necesariamente se refiere a una persona que goza de fama y admiración por parte de grupos de personas. Ser líder es una responsabilidad que mueve a los seguidores hacia un propósito o finalidad.  Es una tarea que implica responsabilidad y dedicación.

En la sociedad actual, los líderes han tomado la denominación de «influencers» (influenciadores) y los vemos en todas partes, sobre todo en las redes sociales: «instagramers», «bloggeros», «twitteros», «youtubers». Se promueven a sí mismos, sus talentos, sus marcas personales. Realmente están muy de moda y las personas los siguen masivamente. Las personas hablan de ellos, escuchan lo que dicen y buscan imitarlos.

Cabe preguntarnos, desde nuestra moral y creencia, ¿estas personas o estas ideas tienen la característica de un liderazgo responsable? ¿Buscan el bien común, los valores para sembrarlos en la sociedad?

El reto al humano de la post modernidad.

En la película «The Fits» (2015), que se desarrolla en una escuela donde se practican distintos deportes, una de las entrenadoras dice que para tener éxito en el grupo de baile, las bailarinas deben «dejar de pensar como individuos y empezar a pensar como equipo». Creo fielmente, que este es el reto que se les impone al ser humano «postmoderno».

Un artículo titulado «Individuos e Individualismo en la sociedad postmoderna», escrito por Alina J. Bello Dotel,  profesora de ética de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), establece que: «(…) Parecería que estamos asistiendo al nacimiento de un Yo de proporción inimaginable, en función del cual girará la sociedad: yo quiero, yo pienso, yo digo, yo mando… Esa nueva expresión del individuo, crea un fenómeno que conocemos como individualismo descarnado (…)». Este individualismo supone un obstáculo hacia el progreso que debe experimentar cualquier sociedad, en cualquiera de sus ámbitos, principalmente en lo que respecta al amor, la familia, la fidelidad, la honestidad y por supuesto, la solidaridad.

La profesora Bello Dotel, en el referido artículo, sugiere como posibles remedios a éste fenómeno tres (3) valores esenciales: cultivar la amistad, ejercer la solidaridad y practicar la meditación interior. Como si estos valores suponen un reto tan extraño y difícil de lograr. Por las afirmaciones que expresa la profesora Alina Bello, pareciera que estos valores, cada vez más, entrarán en desuso.

Por lo tanto, la santidad tiene su raíz más profunda si se alimenta del agua del bautismo, es decir, procurando que la manera en la que soy, según mi temperamento, vaya disminuyendo para que vaya creciendo el ser bueno hasta llegar a la estatura de Cristo (cf. Ef. 4, 13). Ser santo es hacer aquello que san Agustín llegó a afirmar: «Ama y haz lo que quieras». Ser santo es poner siempre el amor por delante de todas nuestras actitudes y relaciones. No es rezar mucho, no es atosigar a los demás con la persona de Jesucristo, no es obligar a la gente a sentirse culpable si no busca a Dios. Ser santo es dejarse transformar por el amor, que es Dios (cf. 1 Jn. 4, 8).

¿Qué dice la fe sobre esto?

Sobre este mismo punto, hablaba el Papa Francisco cuando se dirigía a los jóvenes de La Habana y de Nueva York en su último viaje, expresándoles las distintas vertientes de un líder: «ser un líder dictador o ser un líder sembrador», por supuesto, haciendo hincapié en sembrar el liderazgo, el pensamiento, la alegría y los valores, para formar otros líderes, para cultivar la sociedad, para que todos caminemos de la mano.

Asimismo, el experto en negocios estadounidense Gary Hamel, tomando como referencia un discurso del Papa Francisco sobre «las 15 enfermedades que aquejan la Curia Vaticana», desarrolló un artículo para la revista de Harvard titulado: «15 enfermedades del liderazgo, según el Papa Francisco», las cuales aluden básicamente al egoísmo humano frente a las necesidades sociales.

La necesidad de líderes que padece nuestro mundo, no solo puede enfocarse a liderazgos empresariales, profesionales, artísticos o políticos. Es importante hacerse la pregunta de: ¿dónde están aquellas personas a las que Dios les ha dado o revelado algún talento?

Sí, como la parábola que contó Jesús a los apóstoles. Precisamente, el discurso que tomó como base Gary Hamel para escribir su artículo dirigido a empresas, expuesto por el Papa Francisco, mediante el cual enumera las 15 enfermedades que padecen los líderes cristianos, los líderes católicos:

1) La enfermedad de sentirse inmortal, inmune o incluso indispensable.

2) La enfermedad de ‘martalismo’, de la excesiva operosidad.

3) La enfermedad del endurecimiento mental y espiritual.

4) La enfermedad de la planificación excesiva y el funcionalismo.

5) La enfermedad de la mala coordinación.

6) La enfermedad de Alzheimer espiritual.

7) La enfermedad de la rivalidad y la vanagloria.

8) La enfermedad de la esquizofrenia  existencial.

9) La enfermedad de las habladurías, de la murmuración, del cotilleo.

10) La enfermedad de divinizar a los jefes.

11) La enfermedad de la indiferencia hacia los demás.

12) La enfermedad de la cara de funeral.

13) La enfermedad de la acumulación.

14) La enfermedad de los círculos cerrados.

15) La enfermedad de la ganancia mundana, del lucimiento. //

Del individualismo a individuos solidarios

Category: Corto Circuito
0

Join the discussion

Your email address will not be published. Required fields are marked *