Fuente: ION 25

Escrito por: Cristian Arnaud

Isaac Newton es reconocido como un genio por sus aportes en el mundo de las ciencias. En una carta que le enviara a uno de sus más acérrimos críticos, Robert Hooke, inmortalizó una frase con la que explicaba por qué había alcanzado mejores resultados que sus predecesores; Newton pensaba que había podido ver más allá que ellos porque se había «parado sobre los hombros de gigantes». Aunque su opinión pudiera tomarse como un gesto de humildad, no deja de ser una verdad indiscutible: si trabajamos sobre buenas bases, nuestros resultados serán mejores, más rápidos y amplios que si lo hiciéramos sobre bases dudosas e inseguras.

Continuar lo que está bien

Es muy probable que no recuerdes o conozcas a uno solo de los hombres que influenciaron a Newton en su trabajo, pero para él fueron determinantes. Esta idea debe ser una fuente de motivación para hacer avanzar las sociedades. Lo más importante no es la fama que da el reconocimiento público, sino el conjunto de valores que atesora la comunidad, el grupo de aportes que han hecho incluso hombres y mujeres, cuyos nombres no ocupan las páginas principales de los libros de historia.

Por múltiples razones, la sociedad recordará y reconocerá a los pioneros, a los que descubrieron algo por primera vez, pero la celebración de sus logros no debe opacar el cuidado y valoración de aquello que los engendró o los sostuvo. Cometeríamos un grave error si descuidamos la relevancia que tienen las personas comunes que encontraron la manera de llevar adelante los valores compartidos y los sembraron en otras personas que luego lograron expandirlos.

A esta capacidad de dirigir y motivar a otros le llamamos liderazgo. Es bien saludable distinguirla de la fama y el aprecio popular. A un líder no lo define el número de seguidores que tiene, sino precisamente su capacidad de influenciar a otros a seguirle hacia la consecución de un objetivo que tienen en común. Algunos arrastrarán grandes masas, otros tendrán un campo de influencia menor, pero lo más importante es que la dirección a donde conducen a los otros sea para el mejor beneficio de todos.

Una historia en la biblia que ilustra estas ideas.

Los Israelitas habían salido de Egipto y todavía no encontraban dónde acampar permanentemente. Su líder, Moisés, envió a doce hombres a explorar un área con la intención de evaluar la viabilidad de establecerse allí. Uno de ellos, Caleb, reportó que el lugar era idóneo, de tierra fértil y buenos frutos. Comentó que tenía habitantes, pero que sería posible vencerlos.

Sin embargo, diez de los otros hombres dijeron todo lo contrario, que la tierra era dura, que no daba frutos, que devoraba a sus habitantes, que aquellos eran gigantes imposibles de vencer. Concluyeron recomendándole a Moisés y a todo el pueblo que era mejor volver como esclavos a Egipto.

La gente se desmoralizó ante el reporte de los diez. Quedaron muy apenados y desilusionados. El número doce de los exploradores era un joven llamado Josué que, persuadido por el discurso de Caleb, se le unió para convencer a los demás de que debían marchar hacia adelante y conquistar la tierra explorada. Al principio la turba quiso matarlos, pero al final decidieron seguirles, conquistaron el lugar y se establecieron en él.

En toda la biblia el héroe de quien se cuentan las historias, es Josué. La figura de renombre, protagonista de múltiples victorias, para Israel es él, no Caleb. Pero sin la influencia de Caleb, Josué nunca hubiese dado aquél paso que lo consagró como el líder que sustituyó a Moisés.

Hay muchos cambios que no hemos logrado en la sociedad, la razón principal no es porque no aparecen personas como Newton, Moisés, o Josué sino porque no han aparecido los que como Caleb nos convenzan de que es necesario movernos en otra dirección.

La importancia del Hombre Común

La genialidad de los líderes que cambian la historia se sostiene sobre los hombros de hombres comunes. Hombres cuya función es infundirles a otros pasión por una visión distinta del orden actual de las cosas.

Hay varios elementos que nos muestran la necesidad que tenemos de líderes como Caleb para que una nación o comunidad pase de ser un grupo de individuos asustados y quejumbrosos a un grupo decidido y victorioso.

VEÁMOSLO POR  PARTES

1) Asimilar los valores distintivos de su pueblo.

La tribu de la que procedía Caleb se caracterizó siempre por ser una de las más fieles a las raíces y costumbres del pueblo. El sentido de identidad, la claridad de conocer lo más representativo de este pueblo era algo distintivo de la tribu de Caleb. Cuando una comunidad necesita avanzar y lograr algo nuevo en realidad está más necesitada de valores comunes que unan a sus miembros que de genios que le dirijan.

2) Identificar las necesidades.

En la expedición los doce fueron al mismo lugar, pero los diez pusieron su atención en las dificultades. Caleb tenía su mente puesta en lo que necesitaba el pueblo: espacio, un hogar, fertilidad de la tierra y frutos. El líder tiene la mente fija en los beneficios, en el premio, la gente común en los problemas.

3) Ser visionario y realista.

En la expedición los doce fueron al mismo lugar, pero los diez pusieron su atención en las dificultades. Caleb tenía su mente puesta en lo que necesitaba el pueblo: espacio, un hogar, fertilidad de la tierra y frutos. El líder tiene la mente fija en los beneficios, en el premio, la gente común en los problemas.

4) Hacer o no hacer.

Cada vez que nos amenaza un conflicto, se nos presentan dos tendencias aparentemente contradictorias: evitarlo o enfrentarlo. Un líder sabe identificar cuándo es mejor lo uno o lo otro. La opción no es simple, pero hay algo que distingue a un hombre como Caleb del resto: su manejo del miedo.

Es natural experimentar miedo, pero el temor no puede ser la guía de las tomas de decisiones. El pueblo prefería volver a lo conocido, aunque eso implicara volver a la condición de esclavos. Eso hace el temor, nos convence de que lo conocido siempre es mejor que el riesgo a pagar por lo que soñamos. Un líder es alguien que ya aprendió a pensarse, a verse a sí y a los suyos en una condición distinta de la quiere salir. Para él ya no es desconocido lo que sueña, ya se ha hecho parte de él. Ve con meridiana claridad que mantener la situación actual no es una opción, por eso enfrenta, confronta, pelea.

5) Identificar las fortalezas del grupo unidos

Los diez decidían comparar el tamaño de cada habitante de aquella tierra con el suyo. Caleb prefería pensar en la fuerza de todos sus hermanos juntos. Un líder siempre piensa en el esfuerzo conjunto, nada se trata de lo que él puede hacer, sino de lo que pueden hacer todos juntos. Esta es una de las razones principales por las que es un motivador. Los solitarios, los que se bastan a sí mismos, quieren que se les deje trabajar solos. Un líder mira claramente la meta como un trabajo grupal, por eso se dedica a motivar a otros  sabiendo que sin  ellos es  imposible alcanzarla.

6) Creer en los procesos

Caleb y Josué vieron sus vidas amenazadas por la misma gente que querían favorecer. Un líder es alguien muy a tono con el proceso interno que le llevó a ser un hombre distinto. Solo quien ha desarrollado la paciencia y la humildad para verse crecer a sí mismo, venciendo dificultades y transformándose en una mejor versión de sí, la tendrá para con los demás. Sabrá darle tiempo a otros a que agoten sus procesos de crecimiento, solo en la medida que haya sido clemente con el proceso propio.

El líder tiene la mente fija en los beneficios, en el premio; la gente común en los problemas.

Un líder mira claramente la meta como un trabajo grupal por eso se dedica a motivar a otros, sabiendo que sin ellos es imposible alcanzarla.//

Los 6 pasos para ser un gran líder según Josue

Category: Corriente Divina
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