Fuente: ION 25

Escrito por: Koji Waki

«Cuando conoces, amas »

Nací en el valle de Constanza, en el seno de una familia grande, tanto en miembros como en amor. Solo tengo recuerdos buenos y más buenos de mi infancia y adolescencia. En ese sentido puedo decir que empecé a conocer a Dios desde pequeño, pues Dios es amor. Sin embargo no conocí la Iglesia Católica hasta hace unos seis años. De hecho, lo que conocía de ella era por lo que otros me decían, generalmente algo malo.

Japón y Dominicana

Provengo de una familia dominico-japonesa y desde pequeño me vi envuelto en ambas culturas. Al terminar el colegio a los diecinueve años me fui a vivir a Japón. En aquella nación, estando prácticamente solo y ganando mucho dinero, por algunos años viví una vida disipada, lo cual me llevó a caer en algunos excesos.

Muchos fines de semana me iba de fiesta hasta amanecer y el alcohol era algo normal en mi vida, no solo en los fines de semana. Recuerdo al menos en dos ocasiones tomar hasta caer inconsciente y en una ocasión levantarme con mucha náusea después de una noche de fiesta y vomite sangre, había llegado al fondo.

Nunca sentí una necesidad de tomar, era una decisión libre, sin embargo, hoy día, no siento el mismo gusto que en aquel entonces por las bebidas, solo en ocasiones especiales con familia o amigos disfruto no más de un trago. Tristemente algunos de mis amigos de aquel tiempo hoy día son alcohólicos.

Cuando miro atrás me doy cuenta de que en aquella época estuve alejado de Dios, pero él estuvo cerca de mí todo el tiempo.

¿Acaso polvo es todo lo que soy? ¿Nada trasciende de mi existencia?

La Lectura. Como era de esperarse, este estilo de vida llega a un punto donde te chocas con una pared y dices ¿Esto es todo? Cuando me tocó llegar a esta pared, me refugié en la lectura. Puse mi mirada en la filosofía y quedé enamorado de la filosofía estoica, especialmente en el pensamiento de Marco Aurelio. Devoré todo tipo de libros y como era de esperarse me topé con la Biblia. No es que no la conociera, sino que nunca tuve la iniciativa de leerla.

Para aquel entonces, empezaba a cuestionar el estoicismo. Me parecía un laberinto sin salida, una negación de la vida, no solo física y mentalmente pero sobretodo espiritualmente, pues tiene el defecto de ser centrado en el yo, lo cual, a mi entender lo limitaba grandemente. Mientras me adentraba sentía que era como sacar agua de un pozo vacío en el cual, sin mirar metías el recipiente, sentías el peso del agua pero al mirarlo no había nada adentro: carecía de fuente.

El libro que me llevó a Cristo

Fue en esta época cuando la Biblia llamó mi atención, pues ¿Quién más sabio que Dios? Empecé a leerla cómo se leen todos los libros, por el principio, y una frase me llamó mucho la atención:  «¡Porque eres polvo y al polvo volverás!». Esta frase me hizo sentir un poco de resentimiento y hasta casi abdico de mi existencia espiritual, ¿Acaso polvo es todo lo que soy? ¿Nada trasciende de mi existencia? En ese momento volví a buscar consuelo en el estoicismo.

Sin embargo Dios tenía algo reservado para mí. Fue entonces cuando una amiga muy querida (ahora mi esposa) hablando por teléfono, me decía: «Lee los evangelios primero y entenderás lo mucho que Dios te ama». Yo le replicaba diciendo: «Pero ni yo mismo me amo tanto como dices que Dios me ama», sin embargo por su insistencia los empecé a leer. Lo primero que me sorprendió fue que el contenido era muy superior a lo que yo había estudiado. Aquí el agua era real, pesaba, mojaba y quitaba la sed.

El acuerdo

Han pasado muchos años desde aquel tímido acercamiento, y lo que antes era un trágico y desconsolador «¡Porque eres polvo y al polvo volverás!» a la luz del evangelio se transformó en un glorioso «¡Porque polvo eres y por mi amor vivirás!»

Cuando inicié mi relación de noviazgo con mi hoy esposa, ella se encontraba sirviendo al Señor en la Iglesia Católica, sin embargo yo aún no había tenido un encuentro personal con Jesús, ni siquiera me había bautizado. Así que hicimos un acuerdo: yo empezaría a conocer la fe católica y solo si lo sentía verdaderamente, me prepararía para recibir el bautismo.

Luego de un tiempo de ir conociendo le dije a ella que quería prepararme y bautizarme ahora con una conciencia plena de lo que eso significaba.

Un renacido

Actualmente soy bautizado en la Iglesia católica y por la gracia de Dios, trabajo para ella.He conocido a un Dios vivo y desde que le sirvo, he sido testigo de grandes detalles de su amor por mí cada día y este amor exige compromiso, pero es un compromiso que se cumple con gusto, pues Dios solo desea lo mejor para nosotros.

El evangelio le da  a mi vida luz, al igual que la luz del sol necesaria para la vida física, para mi espíritu es necesario que brille el evangelio cada día.//

 

KOJI WAKI

Category: Megamorfosis
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