Fuente: ION 25

Escrito por: Omar Arbaje

La Iglesia Católica está constituida de manera jerárquica.

Como es de suponer, al haber surgido el cristianismo a partir del judaísmo, la estructura judaica está marcada en la estructura cristiana. Lo mismo podemos decir de la estructura de gobierno del imperio romano, que fue el modelo que tomó el cristianismo a partir del siglo IV con el emperador Constantino. Por eso podemos ver el sacerdocio como lo principal en la estructura de la Iglesia (tomado del judaísmo), pero con territorios en diócesis y gobernados por obispos (tomado del imperio romano). Pero, surge la pregunta: ¿dónde queda la autenticidad del cristianismo?

Podemos decir que la Iglesia tiene una estructura jerárquica visible y otra invisible. De manera visible percibimos un papa como cabeza de la Iglesia Católica, que es a la vez el primer ministro de la Santa Sede, y el monarca del Estado Vaticano. Bajo con él vemos Cardenales que le ayudan en la administración de la Iglesia, y obispos que son las cabezas de las diócesis (territorios en los que se divide la Iglesia Católica).

Los obispos tienen como colaboradores a los presbíteros (a los que llamamos padres o curas), que se encargan de dirigir las parroquias, templos y santuarios. Y también tienen como ayudantes a los diáconos, que ayudan a los obispos por medio de la ayuda a los presbíteros.

A estos le siguen los religiosos o consagrados, que son personas que dedidan su vida a vivir en comunidad, luego están los laicos que desarrollan su actividad religiosa en su vida familiar, política y social. Incluye a los misioneros, catequistas y otros.

Esta es la estructura piramidal de la jerarquía de la Iglesia Católica.

La estructura invisible sería la de la caridad pastoral,

Es decir, la del cuidado del alma de cada persona sin importar el grado que ocupe en la jerarquía piramidal. En ese sentido, tanto los laicos como los obispos, tanto el papa como los diáconos y las monjas, todos y cualquiera de ellos tiene la misma categoría: ser hijo de Dios. Así, todos deben preocuparse por el bienestar de los demás, en cualquiera dirección, y teniendo como centro sólo el compromiso del Amor que nuestro Señor Jesucristo nos pidió.

El papa y los obispos: jerarcas cercanos.

¿Cómo puede ser que haya una jerarquía y que haya un punto en común?

Estas dos estructuras pudieran parecer contradictorias u opuestas, pero son justamente cómo el liderazgo del Señor Jesucristo se ha manifestado: él elige a doce hombres, los pone al mando de la empresa que inicia, les da autoridad y les manda a organizarla (por ejemplo, se puede ver en el evangelio según san Mateo y san Marcos), sin embargo, les invita a amar, a cuidar del rebaño, a no ocupar los primeros lugares, etc. (a lo largo del evangelio según san Juan). Diríamos, pues, que se ha conformado una jerarquía cercana, una estructura que acerca, una organización que incluye.

En eso se basa el liderazgo actual y de siempre. Para que haya liderazgo debe haber una persona a la que se le conceda autoridad y en quien se reconozca la capacidad para desempeñar una función. No puede haber liderazgo sin eso. Por ello, estas dos estructuras no son contrarias, sino complementarias.
En un lenguaje más actual, diríamos que son estructuras necesarias y humanizadoras. Una pirámide sin cercanía genera totalitarismo o dictadura; una cercanía sin pirámide genera anarquía.

El liderazgo en los obispos y el papa.

De nuestro Señor Jesucristo vemos que mantiene el liderazgo, que fomenta una estructura y que manda a obedecer las estructuras que existen pero no las conductas o las normas deshumanizadoras. Este liderazgo del Señor era uno desde la paciencia y la humildad, que quizá muchos emprendedores lo aconsejen, pero quizá no lo pongan como norma. Como el liderazgo es influencia, podemos decir que influye el que ama y sirve, porque eso fue lo que hizo Él. ¿Pero cómo se percibe el liderazgo en sus sucesores?

El papa Francisco y, con él, todos los papas y obispos, tienen el llamado al liderazgo: a influenciar, a hacer que otros cambien y quieran generar cambios. Por eso, el mismo papa Francisco, en una conversación que tuvo en Cuba en el 2015 antes de su viaje a EE. UU., dijo que «un líder es un buen líder si es capaz de hacer surgir entre los jóvenes otros líderes. […] El verdadero liderazgo es fecundo». En un lenguaje cristiano, el líder es sinónimo de sembrador, que reconoce que la semilla es la que tiene la facultad de crecer y de ser árbol que dé frutos, pero que si el sembrador no la siembra, no hay frutos al final.

Características de nuestros pastores líderes son:

  1. Es ejemplo primero con sus obras y luego con sus palabras. Si se habla de humildad, de pobreza, de coherencia, es lo primero que vive, y no tiene necesidad de cosas que hagan que el mensaje sea confundido. Eso mismo criticaba el Señor Jesús de los fariseos hipócritas.

  2. Habla con claridad y sin miedo con respecto de las debilidades de los métodos actuales y oportunidades de cambio que ofrecen. No puede partir de la nada, sino que siempre procura el crecimiento sin detrimento de la historia. Cuando el Señor Jesús proponía cosas nuevas, siempre partía de un “antes se dijo” y continuaba con un “pero ahora yo les digo”.

  3. Acepta la colaboración y los diferentes puntos de vista para procurar la mejoría. La autoridad que se obtiene por el liderazgo es de inclusión, no de imposición; es poder de servicio, no tiranía. Nuestro Señor Jesús se acercaba a los marginados, a los rechazados, a los que el sistema de la época menospreciaba y escuchaba y defendía sus voces.

  4. Reconoce las debilidades propias
    y busca fortalecerlas con la formación y con la ayuda de los demás. Creer que se es infalible u omnipotente sólo dificulta que los demás puedan ver en la persona un líder auténtico; la autorreferencialidad y la autosuficiencia sólo hacen que las personas se sientan innecesarias y quieran irse de su lado. El Señor siempre asignó responsabilidades a sus apóstoles y éstos rendían cuentas de su servicio: el dinero, la casa de la cena de Pascua, etc.

  5. Se preocupa por el progreso y el bienestar de todo el equipo. Cuando los demás crecen, crece todo el trabajo, y crecen los beneficios que se buscan. También Jesucristo educaba a los apóstoles, les hacía crecer, y éstos mejoraron sus maneras de anunciar el Reino de Dios.

    Líderes para Jesús

    Estas cosas no se ven en todos, porque, obviamente donde quiera que está el ser humano pueden verse sus miserias. Sin embargo, sí se pueden percibir en aquellos que suelen influenciar en nuestras maneras de pensar y de actuar. Influencian porque son líderes, pero líderes para el Señor Jesús.

ESTRUCTURA CIRCULAR Y PIRAMIDAL

Category: Corto Circuito
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