Fuente: ION 26
Escrito por: Cristian Arnaud

Esta es una de esas frases que gana en popularidad al pasar el tiempo. Para apoyarla, se usan citas bíblicas dichas por el mismo Jesús: «mi Reino no es de este mundo» y «darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». ¿Pero es eso cierto? ¿Deben interpretarse así?

Algunos sucesos actuales parecen darle la razón
A finales del año 2011 dos noticias procedentes de la nación musulmana de Irán se mezclaban en la prensa internacional: un fraude bancario que superaba los mil millones de dólares y la ejecución de tres hombres por la práctica de actos homosexuales.

El gobierno de Irán es una teocracia, la persona con mayor autoridad en la nación lleva el título de «Líder Supremo». Se supone que dos de sus responsabilidades principales son ser un intérprete excelente del Islam y velar porque se cumpla la ley Musulmana entre ellos. No es de extrañar que en la opinión de los países de Occidente, donde lo común es un gobierno democrático, los focos se pusieran sobre el aspecto religioso y absoluto del gobierno para explicar la causa de ambas noticias. Pareciera como que corrupción y ejecuciones por intolerancia son la marca características de las teocracias.

Algunos católicos asentían con la misma facilidad que se expresaban estas opiniones, ignorando que en su religión, la figura de mayor autoridad lleva títulos como «Sumo Pontífice», «Vicario de Cristo» y que él, además, es el Jefe de Estado absoluto de una nación con un gobierno teocrático. Esta nación es el Vaticano.

La miopía de la democracia
Es necesario reconocer que en nuestra cultura y generación, la democracia nos parece algo natural. Nos cuesta imaginarnos algún otro estilo de gobierno y poner en contexto que las democracias son un modelo relativamente nuevo. Hemos asociado la acumulación de poder en una sola persona con algo inmoral independientemente de lo que se haga con él. Por eso, es difícil tratar de defender la causa de que un Estado como el Vaticano tenga razón de ser en el siglo 21. En ese contexto es mucho más difícil avalar por qué es beneficioso que un Estado así exista.

Otra idea a la que nos hemos acostumbrado es a la de la separación de Iglesia y Estado. Eso es casi un dogma que aprendemos en clase de cívica, lo que hace que ya vengamos prejuiciados al momento de preguntarnos si hace sentido que una nación tenga un líder religioso que no gobierne democráticamente.

La existencia del Vaticano como país, le permite a la Santa Sede ser un invitado regular a las Cumbres del G8 como un abogado por la causa de los países más pobres.

Iglesia y Estado, ¿cada quien por su lado?
En el 2011 no faltaron los que, junto con su condena de los problemas de Irán, traían a colación escándalos de corrupción y abusos en el Vaticano para seguir defendiendo su tesis de que en nuestro mundo ya no hay espacio para lo religioso en los asuntos de gobierno.

Dedicarnos a establecer las diferencias entre nuestros escándalos y los escándalos de Irán sería caer en una trampa mortal. Nos veríamos tentados a querer demostrar que somos unos corruptos o intolerantes menores que los de otra religión, en vez de atacar el problema de raíz sin exponer las bondades de un Estado católico como el Vaticano.

Pongamos las cosas en contexto:
Antes de llegar allí nos haría mucho bien distinguir que el Vaticano no es lo mismo que la Santa Sede. Durante muchos siglos, la Iglesia Católica estaba muy involucrada en el gobierno de múltiples naciones, pero solo hasta el año 1929 se le reconoce soberanía como un Estado asociado a un espacio geográfico. Esta entidad creada en el siglo pasado es lo que conocemos como Vaticano. Está situada en el medio de la ciudad de Roma en Italia. Pero a la Santa Sede se le reconocía soberanía y estatus legal desde antes. Por esta razón podía firmar acuerdos internacionales con otras naciones antes de la creación del Vaticano.

Es por esto que no es válido cualquier intento de quitarle legitimidad a la influencia que la Iglesia Católica ha ejercido durante siglos, basados en la juventud del Estado Vaticano o en las peculiaridades con las que fue creado. La Santa Sede trasciende a la Ciudad Vaticana.

Ahora bien, en el mundo moderno hay mucha influencia que la Santa Sede puede ejercer solo a través de la legalidad que se le ha conferido al Estado Vaticano. Uno de esos casos es su participación en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Aunque no funge como un miembro con derecho a ejercer el voto, sí tiene poder de veto. Uno de los casos famosos en el que ejerció su derecho fue en Cairo 1994, cuando pudo parar la aprobación de la internacionalización del acceso al aborto. Por varios días, pudo movilizar la revisión del documento final.

Las relaciones diplomáticas
El caso más común de influencia que tiene la Santa Sede son las relaciones diplomáticas que guarda con más de doscientos (200) Estados de todo el mundo; relaciones que se establecen a través del Vaticano. Después de la ONU, la Santa Sede es el cuerpo internacional más grande, que brinda servicio a la comunidad mundial como un agente de negociaciones de conflictos entre naciones, liberación de prisioneros y solicitud de asilo para refugiados salientes de zonas de guerra. La existencia del Vaticano como país, le permite a la Santa Sede ser un invitado regular a las Cumbres del G8 como un abogado por la causa de los países más pobres.

Y sobre sus riquezas…
Quizá la acusación más popular en contra del Vaticano es su acumulación de riquezas, que no es más que un derivado de la acusación de que su existencia como Estado religioso es una forma de enriquecer a clérigos interesados e inescrupulosos.

El mito de las riquezas del Vaticano ha sido desacreditado una y otra vez en varias secciones de esta revista y no repetiremos los argumentos aquí, pero sí señalaremos que la Santa Sede tenía multitud de propiedades antes de 1929, incluido el terreno geográfico. Al pasar el tiempo esas propiedades le fueron confiscadas y en 1929 lo que se les adjudicó era una pequeña porción en comparación con aquello.

Pero el elemento más interesante a señalar es político/ideológico.
Las sociedades que se han opuesto a las monarquías y teocracias han propuesto como alternativas el modelo capitalista por un lado y variaciones de un comunismo totalitario por otro. En uno y otro caso sus experimentos gubernamentales han dejado una masa inmensa de personas viviendo oprimidas por debajo de la línea de la pobreza sin ni siquiera acceso a servicios básicos de salud.

Desde la Santa Sede se moviliza el actor de la sociedad civil más grande del mundo a favor de esos marginados, no solo ideológicamente promoviendo una doctrina social que les favorece, sino como proveedor de servicios de salud, cuidados primarios, recolecta de ayuda, movilización caritativa de voluntariados y fondos. Además de una miríada de proyectos particulares para construcción de viviendas, dispensarios médicos y comedores públicos.

Es imposible medir la influencia mediática que tiene la voz del Papa cuando se pronuncia sobre una decisión que puede afectar a los marginados, pero podemos ver los múltiples beneficios que produce su influencia global. Con ejemplos que van desde reunir a los líderes de Palestina e Israel para diálogos de Paz, pasando por casos más importantes como el de restablecer relaciones entre Cuba y EEUU, y casos de extrema envergadura como la caída del bloque soviético comunista.

Un balance en el mundo
Todo esto es una muestra clara que el establecimiento del Vaticano no es autoreferencial ni busca acumulación de riquezas. La totalidad del «poder» que atesora siempre se usa como instrumento de servicio a los más necesitados.

Pecaríamos de ilusos o deshonestos si creyéramos que no hay espacio de mejora en el Vaticano, pero basta un poco de honestidad para concluir que su existencia tiene balance positivo para el mundo en que vivimos.

La totalidad del «poder»
que atesora siempre se usa como instrumento de servicio a los más necesitados.

Venga tu Reino

Category: Corriente Divina
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