Fuente: ION 27
Escrito por: Cristian Arnaud

En el Cristianismo no hay nada que se oponga a la tecnología, el progreso y la propiedad privada, pero cuando se pierde de mira que la naturaleza no es algo que hemos creado nosotros se cae en el error de explotarla y someterla sin ocuparnos de protegerla. Cuando el hombre se preocupa más por usar lo que hay a su alrededor que por convivir con ello, se convierte en amo y explotador, no en vecino. Y ya no solo de las cosas, sino también de los demás humanos.

La autodestrucción
La destrucción del planeta Tierra a manos de los humanos es un tema recurrente en las películas de ciencia ficción. Un ejemplo famoso es un diálogo que tienen dos personajes en «The Matrix». El Agente Smith (un programa inteligente dentro del mundo de la matriz), le comenta a Morpheus (un humano, líder de la resistencia en contra de las máquinas) que la especie humana ni siquiera debería ser catalogada como mamífera, sino como un virus, ya que rompe el equilibrio de su hábitat, se multiplica hasta consumir todos los recursos a su alrededor y luego se mueve hacia otro lugar para hacer lo mismo.

Basta un poco de reflexión para darnos cuenta que hoy hemos llegado a una situación alarmante que nos dirige hacia el cumplimiento del final de estas películas. No porque ellas predijeron lo que llegaríamos a hacer, sino porque ellas son un reflejo de una preocupación que se hace cada vez más general: la supervivencia de nuestro planeta corre un grave peligro.

El medio ambiente y la fe
El documento «Laudato Si» ha sido un tema tocado en varios artículos de esta edición de ION, y es que la problemática del cuidado del medio ambiente y nuestra relación con él ha alcanzado al mismo Papa Francisco. Lo más relevante de este documento es el llamado a crear conciencia de que nuestro planeta es nuestra casa común. Por tanto, ninguna disciplina, religión o filosofía puede desligarse de la responsabilidad de abordar el tema, comprometerse con el diálogo para brindar y asumir soluciones.

A pesar de la creatividad y la originalidad con la que el Papa trata de involucrar a todos los fieles católicos, y demás cristianos que le escuchan, esta no es una iniciativa nueva suya. El Papa nos recuerda que el deterioro ecológico actual es producto de la acción humana, de manera que serviría de muy poco buscar soluciones técnicas, económicas y regulatorias, si los humanos no decidimos mirarnos dentro y hacer ajustes a nuestra forma de vivir. El desinterés, la falta de involucramiento, la inacción y la negación de la gravedad del estado en el que está el medioambiente son obstáculos a vencer para lograr su mejoría, pero el Papa hace más énfasis en el egoísmo y la avaricia del hombre como causantes del daño actual. Este es un tema recurrente en toda la Biblia.

Sí, es
contigo.
Es personal.

Nadie debe imaginarse que el camino que nos queda por delante para sacar a la naturaleza del desgaste y el destrozo al que la hemos sometido, va a ser fácil. Claro que tiene que incluir leyes, cooperación internacional, campañas de concientización, uso comedido, renovación de recursos, protección de áreas y especies, pero la mayor ilusión sería imaginarnos que la salud de la Tierra llegará sin la participación y un cambio personal de sus habitantes. Este es uno de los pocos casos donde es más importante el cambio personal que el global.

Donde el segundo se da
dependiendo del primero.

Lo crucial es entender que nadie causa un daño ecológico porque quiere, como si eso fuera un fin en sí mismo. El deterioro se da como producto de un uso desmedido o descuidado de los recursos naturales y técnicos. Es por esto que el cambio es difícil, porque el cuidado y el alivio de nuestro entorno requiere ajustes y moderación en nuestro uso de las cosas. Es aquí donde la religión juega un papel primordial: en brindar herramientas para la concientización y el dominio propio.

El dilema del
pozo común

En la disciplina de economía del comportamiento se habla del dilema del pozo común. Hay un experimento con el que se invita a varios participantes a que aporten dinero a una canasta común. La casa se encargará de duplicar el monto total que se recoja y el resultado se divide en partes iguales entre los participantes.

Por Ejemplo: en una ronda con 5 participantes, si cada uno aporta 1 dólar la canasta termina con 5 dólares en total, la casa lo dobla. Ahora hay 10 y lo divide en partes iguales, quedando cada participante con 2 dólares. Cada quien duplicó su inversión. Obviamente en las siguientes rondas cada quien se siente motivado a aportar más.

En el experimento se incluye a una persona que en unas de las rondas dejará de aportar: En una ronda de 5 participantes sólo 4 aportan 5 dólares por persona y uno no aporta nada, la canasta termina con 20, la casa lo dobla. Ahora hay 40 y lo divide en partes iguales, quedando cada uno de los cinco participantes con 8 dólares. Cuatro participantes se dan cuenta que alguien no aportó nada y ¡terminó con 8 dólares!

Lo que pasa a continuación es sorprendente: En la siguiente ronda, casi todos bajan su aporte y otros más no hacen ninguno. No importa cuántas veces se repita este experimento, todos los participantes se comportan igual.

Esto mismo sucede con la
naturaleza (y la sociedad):

Todos la cuidamos. Nos damos cuenta que ella nos devuelve la inversión y el cuidado que le damos y se renueva, pero al momento que alguien decide aprovecharse y tomar de ella más de lo que le corresponde, el resultado final disminuye y se desmotivan los demás participantes a aportar.

El universo está creado así: mientras más le damos más nos devuelve. Las sociedades son así: mientras más colaboran más se le devuelve. Pero la inequidad, el egoísmo, la avaricia, el afán por guardar más de lo que necesitamos hace que se extienda como una enfermedad la precariedad. Así vemos: esto es un problema más humano y personal que político y tecnológíco.

Unámonos con un compromiso constante a cuidar nuestro alrededor, usando de manera consiente los recursos naturales y sin acumular lo innecesario privando a otros de su consumo.//

El deterioro se da como
producto de un uso desmedido o descuidado
de los recursos naturales
y técnicos.

Una casa común

Category: Corriente Divina
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